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El aborto y la Encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II


EV 62: El Magisterio pontificio más reciente ha reafirmado con gran vigor esta doctrina común. En particular, Pío XI en la Encíclica Casti connubii rechazó las pretendidas justificaciones del aborto; Pío XII excluyó todo aborto directo, o sea, todo acto que tienda directamente a destruir la vida humana aún no nacida, "tanto si tal destrucción se entiende como fin o sólo como medio para el fin"; Juan XXIII reafirmó que la vida humana es sagrada, porque "desde que aflora, ella implica directamente la acción creadora de Dios". El Concilio Vaticano II, como ya he recordado, condenó con gran severidad el aborto: "se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos".

La disciplina canónica de la Iglesia, desde los primeros siglos, ha castigado con sanciones penales a quienes se manchaban con la culpa del aborto y esta praxis, con penas más o menos graves, ha sido ratificada en los diversos períodos históricos. El Código de Derecho Canónico de 1917 establecía para el aborto la pena de excomunión.  También la nueva legislación canónica se sitúa en esta dirección cuando sanciona que "quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae", es decir, automática. La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación el delito no se hubiera producido:
con esta reiterada sanción, la Iglesia señala este delito como uno de los más graves y peligrosos, alentando así a quien lo comete a buscar solícitamente el camino de la conversión. En efecto, en la Iglesia la pena de excomunión tiene como fin hacer plenamente conscientes de la gravedad de un cierto pecado y favorecer, por tanto, una adecuada conversión y penitencia.

Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, Pablo VI pudo declarar que esta enseñanza no había cambiado y que era inmutable. Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos -que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina-, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.

Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia.

Presentación de la WEB

Al presentar el núcleo central de su misión Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10) y se refiere a la vida nueva y eterna que es comunión con el Padre, a la que todo hombre es llamado gratuitamente por obra del Espíritu Santo. Esta es la “Buena Noticia”, el Evangelio de Cristo…Lo sublime de este don –la vida nueva y eterna- muestra la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal: “El Evangelio del amor de Dios al hombre, el Evangelio de la dignidad de la persona y el Evangelio de la vida son un único e indivisible Evangelio” (Ev. Vitae, 2). El Evangelio de la vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesucristo, “Palabra de vida”.
Si muchos y graves aspectos de la actual problemática social pueden explicar en parte el clima de extendida incertidumbre moral y de confusión entre el bien y el mal, el Papa Juan Pablo II fue el primero en atribuir a la difusión del aborto, la eutanasia, la experimentación genética y la fecundación artificial el carácter de estructuras de pecado que generan una cultura contraria a la solidaridad, que se configura como verdadera cultura de muerte, como verdadera guerra de los poderosos contra los débiles. Este horizonte debe hacernos a todos plenamente conscientes de que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la « cultura de la muerte » y la « cultura de la vida ». Estamos no sólo « ante », sino necesariamente « en medio » de este conflicto: todos nos vemos implicados y obligados a participar, con la responsabilidad ineludible de elegir incondicionalmente en favor de la vida.
Esta elección nos lleva a hacernos presentes en el espacio virtual con la intención de aglutinar a los sacerdotes que, sensibles al destino de millones de inocentes a los que se niega el elemental derecho a nacer, quieran participar en una ardua batalla que tiene por objetivo mostrar que la defensa de la Vida no es opcional en la vida de un pastor de la Iglesia. Es imprescindible, si queremos preservar nuestra identidad y ser fieles a nuestro ministerio. En palabras del beato Juan Pablo II: “Cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne es confiada a la solicitud materna de la Iglesia. Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura”. 





Links asociados

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Notícias

EL ABORTO DE GALLARDÓN


Un video revela la práctica de abortos en el Hospital de Sant Pau de Barcelona, con presencia de la Iglesia en su gestión.


UN NUEVO PROTOCOLO IVES EN EL HOSPITAL DE SANT PAU ACEPTA EL ABORTO MEDICO


ABORTOS EN HOSPITALES CATÓLICOS: ESCANDALOSA Y CONTRADICTORIA CONNIVENCIA CON EL MAL


LA PLAGA DEL ABORTO: PRUEBA DE QUE EL “MAL MENOR” DEJÓ DE EXISTIR HACE MUCHO


ABORTO EN HOSPITALES CATALANES LIGADOS A LA IGLESIAhttp://www.priestsforlife.org/spanish/http://www.hazteoir.org/http://abortocero.org/http://www.lifesitenews.com/http://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2013/06/el-aborto-de-gallardon.htmlhttp://www.aciprensa.com/noticias/video-revela-practica-de-abortos-en-hospital-con-presencia-de-la-iglesia-en-barcelona-90219/#.UJp1zG8sCSohttp://www.aciprensa.com/noticias/video-revela-practica-de-abortos-en-hospital-con-presencia-de-la-iglesia-en-barcelona-90219/#.UJp1zG8sCSohttp://www.aciprensa.com/noticias/video-revela-practica-de-abortos-en-hospital-con-presencia-de-la-iglesia-en-barcelona-90219/#.UJp1zG8sCSohttp://www.aciprensa.com/noticias/video-revela-practica-de-abortos-en-hospital-con-presencia-de-la-iglesia-en-barcelona-90219/#.UJp1zG8sCSohttp://www.hazteoir.org/noticia/48836-nuevo-protocolo-ives-hospital-sant-pau-acepta-aborto-medicohttp://www.hazteoir.org/noticia/48836-nuevo-protocolo-ives-hospital-sant-pau-acepta-aborto-medicohttp://www.hazteoir.org/noticia/48836-nuevo-protocolo-ives-hospital-sant-pau-acepta-aborto-medicohttp://www.hazteoir.org/noticia/46163-abortos-en-hospitales-catolicos-escandalosa-y-contradictoria-presencia-connivencia-malhttp://www.hazteoir.org/noticia/46163-abortos-en-hospitales-catolicos-escandalosa-y-contradictoria-presencia-connivencia-malhttp://www.hazteoir.org/noticia/46163-abortos-en-hospitales-catolicos-escandalosa-y-contradictoria-presencia-connivencia-malhttp://www.hazteoir.org/entrevista/plaga-aborto-es-prueba-mal-menor-dejo-existir-hace-muchohttp://www.hazteoir.org/entrevista/plaga-aborto-es-prueba-mal-menor-dejo-existir-hace-muchohttp://www.abc.es/20111125/comunidad-catalunya/abcp-hospitales-ligados-iglesia-catalana-20111125.htmlhttp://www.abc.es/20111125/comunidad-catalunya/abcp-hospitales-ligados-iglesia-catalana-20111125.htmlshapeimage_5_link_0shapeimage_5_link_1shapeimage_5_link_2shapeimage_5_link_3shapeimage_5_link_4shapeimage_5_link_5shapeimage_5_link_6shapeimage_5_link_7shapeimage_5_link_8shapeimage_5_link_9shapeimage_5_link_10shapeimage_5_link_11shapeimage_5_link_12shapeimage_5_link_13shapeimage_5_link_14shapeimage_5_link_15shapeimage_5_link_16shapeimage_5_link_17shapeimage_5_link_18

Nace con la intención de aglutinar a los sacerdotes conscientes...

No podemos callar


Dice el Señor que “todo el que me confesase delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre, que está en los cielos. Pero a todo el que me negare delante de los hombres, yo lo negaré también delante de mi Padre, que está en los cielos” (Mt 10,32). Sí, ciertamente ésa es nuestra vocación: confesar a Cristo ante los hombres, ser sus testigos ante el mundo. Ser testigos del Evangelio de la Vida que vence la muerte. Sin embargo, ese testimonio tiene un precio muy caro: la Cruz.


     “Si el mundo os odia, sabed que me odió a i antes que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo. Pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por esto el mundo os odia. Acordaos de la palabra que yo os dije… Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán… Y todas estas cosas las harán con vosotros a causa de mi nombre” (Jn 15,18).


       Ante el escándalo de los abortos en Hospitales vinculados a la Iglesia Católica, el deber principal de los cristianos en este mundo no es el de “conservar la vida” y evitar por todos los medios marginaciones, desprecios y persecuciones del mundo. Eso no viene exigido “por el bien de la Iglesia”. Para evitar la persecución la Santa Iglesia no modifica su doctrina o su conducta, aunque muchos así lo quisieran. La santidad de la Iglesia no depende de la santidad de los obispos ni de los cristianos. Depende de su cabeza que es Cristo. “Maridos amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada” (Ef 5,25). Por tanto, es el mismo Jesucristo el que se entrega como esposo a la Iglesia. Es el mismo Jesús el que la santifica, la purifica y la hace resplandecer a pesar de nuestras infidelidades. El prestigio de la Iglesia no coincide pues con el prestigio y el buen hacer de sus pastores. El bien de la Iglesia no depende de una política eclesiástica que acaba casi siempre en la complicidad y la connivencia. El bien de la Iglesia sólo coincide con un valiente testimonio de la Verdad al precio de la Cruz… Estos son los que temen ser rechazados por dar testimonio claro de la Verdad. Por eso callan… O hablan bajito, y así, al mismo tiempo, evitan la persecución y se hacen la ilusión de que ya han cumplido con su deber.  "Y no hay cosa creada que no sea manifiesta a la presencia de Dios, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (Hebreos 4:13).

Un banquete sucio


Cinco hospitales en Cataluña bajo responsabilidad de la Iglesia, sea ésta exclusiva o compartida, realizan abortos provocados, dispensan la píldora abortiva, esterilizan, hacen selección de embriones y experimentación genética. El silencio es espeso. La denuncia es acallada por fuertes intereses creados. Es el banquete del prestigio, del posicionamiento o la influencia social, de los favores que se hacen o que se deben a los poderosos lo que está en juego…  Todos quieren participar en él. El mundo nos invita a hacerlo… a costa de nuestro silencio. Y es que el precio que hay que pagar por dar testimonio de la Verdad –la sacralidad de la vida humana- es tan alto que parece no haber nadie dispuesto pagarlo. Actuamos como si el único y último crucificado fuese Jesucristo. Después de El, nadie más… El tomar la Cruz y seguirle, el odio del mundo, es una carga demasiado pesada para quienes buscan el entendimiento con los enemigos de la vida de los no nacidos. La cobardía de tantos  “perros mudos” no debe empañar la santidad de la Iglesia. Sólo el testimonio decidido del que no teme enfrentarse con los que detentan el poder demuestra que la Iglesia es siempre Santa. Tal como dice el apóstol Pablo: “Dimos por segura la sentencia de muerte y aprendimos a confiar sólo en Dios”. Sobran pues cobardías y traiciones. El Pueblo de Dios necesita gestos valientes, palabras veraces que anuncien el Evangelio de la Vida. En Roma sobran orientaciones  y faltan decisiones concretas sobre lo que deben hacer los obispos de Barcelona, Tarrasa, San Feliu y la Orden Hospitalaria, pues ellos –los obispos- parecen incapaces de tomarlas.

Así pues, “toma parte en los duros trabajos del Evangelio según la fuerza que Dios te dé”, decía el Apóstol a su discípulo Timoteo. En la dura batalla en defensa de la vida de los más inocentes, en la dura batalla por anunciar el Evangelio de la Vida nosotros nos sacrificaremos, nosotros renunciaremos, y de Cristo será el triunfo, triunfo que ¿para qué os lo vamos a decir? no se va a lograr rápidamente. Vivimos, dentro y fuera de la Iglesia, una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales comensales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera. Nuestro sitio está al aire libre, donde hace frío, bajo la noche clara y en lo alto, las estrellas, porque el “Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas. ¡Cristo ha resucitado! Estaba muerto y ahora vive por los siglos y tiene en sus manos las llaves de la muerte y del abismo. ¡Ven Señor Jesús!

En ROMA, un pueblo

se levanta


    El 12 de mayo en Roma, Italia celebró su Marcha Nacional por la Vida. Sacerdotes por la Vida de España junto a la plataforma Derecho a Vivir estuvieron presentes entre las diversas asociaciones provida de Europa y América que apoyaron con su presencia el evento. Nos invitaron a tomar la palabra y allí, frente al coliseo romano donde tantos mártires ofrendaron su vida a Cristo, el P. Custodio Ballester dirigió estas palabras a los congregados:

“¡Roma no está sola! ¡No está sola! ¡Italia no está sola! Tiene un vasto mundo de su lado. Puede formar bloque con los provida de España, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania y Polonia, Europa entera e Iberoamérica, Asia, Africa y Oceanía. Allí continúa la lucha. Un inmenso pueblo se levanta...

 

    Esta guerra contra la Muerte no se limita al triste territorio de vuestra ciudad, de vuestra nación. Esta guerra no se decidió el día en que se aprobaron las leyes del aborto. Esta guerra no se decidió el día en que comenzaron a abortar en los hospitales católicos. Esta guerra no se decidió el día en el que los responsables eclesiásticos decidieron callar... Esta guerra es una guerra mundial. Todos los errores, todos los retrasos, todos los sufrimientos no impiden que haya, en el universo, en la tierra y en el Cielo, todos los medios necesarios para neutralizar un día a nuestros enemigos: los enemigos de la vida de los no nacidos. Hoy tal vez aplastados los provida por la fuerza política y económica, podemos vencer en el futuro con una fuerza superior: la que nos dará el Señor de los ejércitos. El destino del mundo está en juego. Pase lo que pase, la llama de la Resistencia contra el aborto, la llama de la Resistencia de los defensores de la Vida, no debe apagarse y ¡no se apagará jamás!”.

 

    Luego, a través de las calles de Roma más de 30.000 personas se dirigieron entre cantos y música hacia el castillo de Sant Angelo donde el Papa Francisco los saludo y animó en su tarea de ser testigos del Evangelio de la Vida en todo el mundo y ante toda criatura. Aquel soleado domingo de mayo un pueblo se levantó y caminó, un pueblo que ama, respeta y defiende la vida, a toda vida humana. ¡Bendito sea!

Documentos filtrados revelan aborto realizado este mes en hospital católico de Barcelona


“¡Somos un campo de exterminio!”, escribe testigo consternado del homicidio

Matthew Cullinan Hoffman, Lifesitenews USA

30 de mayo de 2013 (Lifesitenews) – El Hospital de Sant Pau de Barcelona, que es coadministrado por la Arquidiócesis católica de Barcelona, mató a un bebé en gestación a principios de este mes en un aborto programado basándose en una “sospecha” de deformidades que por lo general no implican un peligro médico para la madre, según documentos internos del hospital que obtuvo Notifam.

    Los documentos contradicen las vehementes y repetidas negaciones del arzobispo de Barcelona Cardenal Lluís Martínez Sistach, quien ha desestimado numerosos informes publicados en los medios españoles y del extranjero sobre el homicidio de niños por nacer en ese hospital desde que comenzaron a publicarse en 2010.

    Los documentos, escritos en catalán y español, incluyen texto copiado en formato Word que supuestamente se tomó de registros informáticos del hospital, como así también dos capturas de pantalla de computadoras del hospital. Indican que una mujer ingresó al hospital el 13 de mayo a las 10 a.m. “para interrupción médica de la gestación por sospecha de osteocondrodisplasia fetal con hipoplasia torácica”.

    De acuerdo con referencias médicas convencionales, la osteocondrodisplasia es un trastorno que causa retraso en el crecimiento de los huesos, y por lo general se asocia con el enanismo. La hipoplasia torácica es una falta de crecimiento completo en el área del pecho. Ninguna condición necesariamente pone en riesgo la vida, y ninguna se asocia necesariamente con un mayor riesgo médico para la madre durante el embarazo.

    El instrumento de muerte para el niño por nacer fue la droga abortiva misoprostol, que es sumamente efectiva para hacer que el cuerpo de la mujer aborte en forma espontánea y expulse prematuramente el feto, una niña que estaba en su semana decimoctava de gestación.

    “El proceso de evacuación uterina con misoprostol se inició a las 10:30 a.m. Se administró vía vaginal 800mcg de misoprostrol y luego 400mcg/3h en forma oral”, indica el registro, agregando que la mujer tuvo “fiebre materna durante el procedimiento, por lo cual se le administró 1g de paracetamol”. Para su dolor durante las contracciones, la mujer también recibió anestesia epidural.

    La paciente finalmente “expulsó el feto, que era una niña, en un estado de paro cardiorrespiratorio”, conforme a la cronología, y “expulsó la placenta a las 10 p.m.”. Un ultrasonido indica que la paciente retuvo “restos ovulares”, y se la llevó a un sector de partos del hospital para realizarle otro tratamiento.

    La cronología médica muestra los resultados de una serie de pruebas realizadas en el cuerpo de la niña, supuestamente en un intento de verificar defectos congénitos, pero todas las pruebas son negativas o “normales”.

    Aunque un médico responsable en la cronología del hospital asegura que el tipo o “fenotipo” del cuerpo del niño era “altamente compatible con la orientación de diagnóstico”, implicando que el cuerpo estaba deformado, al menos una testigo cuyo testimonio obtuvo Notifam afirma lo contrario, diciendo: “¡El feto era perfecto!”.

    “¡¡¡Era un feto de 17 semanas y 3 días!!! ¡Un aborto programado! No tengo palabras”, escribe la testigo en un correo electrónico que obtuvo Notifam. “Se consideraba una gestación de riesgo. Los análisis salieron negativos, el cariotipo [una prueba para el Síndrome de Down y otros defectos genéticos] era negativo, la amniocentesis también, pero por algún motivo se sospechaba de un “enanismo” congénito, […]”.

    Con consternación, la testigo escribe: “¡Somos un campo de exterminio!” y también afirma que las radiografías realizadas al feto inexplicablemente ya no se pueden encontrar en el hospital, lo que lleva a la testigo a preguntarse si no han sido quitadas para esconder pruebas del error en el diagnóstico del hospital.

El Arzobispo de Barcelona continúa negando que en el hospital ocurran abortos.

El arzobispo de Barcelona, Cardenal Lluís Martínez Sistach, se ha negado a contestar a grupos pro vida durante años sobre las numerosas denuncias de abortos en el hospital, que comenzaron a aparecer en los medios de comunicación en 2010, cuando los registros del gobierno fueron revelados por el periódico español ABC indicando que varios hospitales asociados con la Iglesia en la región de Cataluña habían realizado abortos durante años. En 2011, el Cardenal comenzó públicamente a negar las denuncias, alegando que no ocurren abortos en Sant Pau, y agregando que se ha dado una orden de no realizar abortos.

Sin embargo, las pruebas del homicidio de niños por nacer en Sant Pau han seguido acumulándose. Revelaciones recientes incluyen un informe de abril de 2012 realizado por ACI Prensa y otros medios de difusión españoles de una mujer a la cual el hospital le ofreció un aborto dos veces, un artículo en la revista médica española Rol en septiembre del año pasado, que documentaba un aborto eugenésico en el hospital, y un video con cámara oculta tomado en una discusión entre el personal sobre la política del hospital de realizar pruebas de amniocentesis peligrosas con el propósito de matar a niños por nacer, también en septiembre de 2012. Otros informes han documentado pruebas de abortos en el hospital, y otros hospitales asociados con la Iglesia Católica en la región de Cataluña, que datan al menos de una década.

En una entrevista en junio de 2012 con Vatican Insider de La Stampa, el Cardenal Martínez Sistach restó importancia a los informes del momento sobre abortos en el hospital, afirmando que la institución “actúa de acuerdo con las normas de la moral cristiana ”, y quejándose de que la cobertura de prensa estaba dañando la “buena fama” del Sant Pau.

“El Hospital nunca ha pedido acreditación para realizar abortos a tenor de la legislación civil, atendido su ideario que está a favor de la vida y contra el aborto”, Martínez Sistach contó a La Stampa. “Los responsables administrativos me han dicho que no se hacen abortos”.

Según un testigo, los registros ahora han desaparecido. El nombre y apellido y número de identificación de la paciente han sido ocultados.

El Hospital Materno-infantil de San Juan de Dios de Esplugues (prolongación de la Barcelona más señorial) se ha convertido en hospital de referencia de las prácticas más contrarias a lo que fue su espíritu fundacional. Otro tanto ocurre en Manresa. El Hospital de Referencia de Salud Sexual y Reproductiva y para la Información para la Interrupción Voluntaria del Embarazo en Manresa, es el de San Juan de Dios. En estos centros de la Orden Hospitalaria, se hace verdad una vez más la sentencia latina del título: la corrupción de lo óptimo es pésima.

 

En efecto, los Hermanos de San Juan de Dios han estado rodeados de un halo de bondad, de generosidad, de heroísmo, de imitación de Cristo y del fundador de la orden. Han sido durante estos últimos siglos el más perfecto referente de la obra hospitalaria de la Iglesia, encaminada a socorrer a los pobres y necesitados. Fue justamente la fuerza de arrastre de estas virtudes, la que movió la generosidad de los donantes que permitieron la construcción de esos grandes hospitales.
Tal como rezan los estatutos de la orden, los Hermanos de San Juan de Dios “formamos un cuerpo comprometido en el servicio a la persona que sufre. Y nuestros ideales nos comprometen a velar para que se respeten siempre los derechos de la personaa nacer, a vivir decorosamente, a ser curada de su enfermedad y a morir con dignidad. Nos comprometemos decididamente en ladefensa  y promoción de la vida humana. Respetamos la libertad de conciencia de las personas a las que asistimos y de nuestros colaboradores; pero exigimos que se acepte y se respete la identidad de nuestros centros hospitalarios.

La proclama no podía ser más bella: defensa y promoción de la vida humana  que se concreta en el derecho de la persona a nacer y a morir con dignidad… Y una valiente declaración de firme defensa de la identidad religiosa de sus centros: “exigimos que se acepte y se respete la identidad de nuestros centros hospitalarios.”

 


¿Y cuál es esa identidad de sus hospitales para la que piden respeto? ¿Haberse puesto a la cabeza de la investigación con embriones humanos, que mantienen congelados para “usarlos” como mejor crean?  ¿Apuntarse al bebé medicamento? ¿Ser hospitales de referencia para toda clase de abortos, con especial renombre en los eugenésicos? (Véase la imagen) ¿Es ése el precio que han pagado por estar en el ranking de los hospitales más prestigiosos de Europa? ¿De qué identidad están hablando? ¿De la que les da el tener albergado en su hospital de Esplugues el Instituto Borja de Bioética, abortista y eutanásico con matices, frontalmente enfrentado por tanto al magisterio de la Iglesia?

Es que, aunque por las preguntas arriba volcadas no lo parezca, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios está dentro de la Iglesia católica; por eso se entiende  que los miembros de la orden son obviamente católicos, y sus centros hospitalarios se denominan con toda  propiedad “hospitales católicos”. Hospitales que obviamente tendrían que mantenerse fielmente en el ideario de la orden, que de ningún modo puede cuestionar la doctrina de la Iglesia.

Siendo tan flagrante la contradicción entre lo que entendemos todos por hospital de la Iglesia, católico por tanto, y lo que realmente es el Hospital de San Juan de Dios, cabe preguntarse: ¿qué hace en semejante hospital la Iglesia, representada por los hermanos de San Juan de Dios? ¿No sería más decente y coherente que esos Hermanos se constituyesen en simple sociedad mercantil explotadora del hospital, totalmente al margen de la Iglesia? Porque es evidente que lo único que cosecha la Iglesia de semejantes hospitales es descrédito, acusación de incoherencia e ignominia.
 
El Regió7.cat de julio del año pasado publicaba: “El hospital de Referencia en Manresa, -para la Salud Sexual y Reproductiva y para la Información de la Interrupción voluntaria del Embarazo- es el de San Juan de Dios y los casos de aborto son derivados al hospital de la Vall d’Hebron. Los servicios de urgencia sí que facilitan la píldora del día después, que se considera que no es un método abortivo, aunque los adversarios de la legalización del aborto consideran su efecto equivalente a un aborto inducido.” 

 

El hecho de que el Hospital de San Juan de Dios de Esplugues dispense también la píldora “del día después”, considerándola como un placebo anticonceptivo porque impedir la implantación del embrión no lo consideran aborto, indica el descaro de aquellos que cuelan la mosca y se tragan el camello.  Escola de Pares – minuto 12:10  Anticoncepción de urgencia 34:50 

Y si la difusión del aborto, la eutanasia, la experimentación genética y la fecundación artificial han adquirido el carácter de unas estructuras de pecado que generan una cultura contraria a la solidaridad, que se configura como verdadera cultura de muerte (cf. Evangelium Vitae, 12), elHospital de San Juan de Dios de Esplugues forma parte ya de esa estructura cuyos ejecutores se conjuran contra el derecho de nacer de los más indefensos y del de vivir de los más enfermos.  

 


El hecho de que el aborto –“si estás de pocas semanas”- se ofrezca con absoluta normalidad en elHospital de San Juan de Dios de Esplugues no por un médico aislado, sino en el departamento de admisiones del hospital, significa que el crimen más abominable (cf. Gaudium et Spes, 51) se ha instalado en la estructura y en el engranaje del centro (Véase la imagen de la noticia). El mismo Dr. Lailla, su jefe de Ginecología, afirma con toda desfachatez que “el aborto debe ser el mal menor si se cumple el fomento de la formación y de la educación de la salud sexual y reproductiva, siempre que la paciente reciba la información necesaria y asequible.”

 
En octubre de 1943, siendo el Yom Kippur, la más sagrada de las festividades judías, el Dr. Josef Mengele , SS Hauptsturmführer en Auswitch-Birkenau, se dirigió en su motocicleta a un campo de fútbol que, en aquel momento, albergaba a dos mil niños judíos varones. De pronto, Mengele subió a un estrado y contempló a su congregación. Preguntó a un muchachito de catorce años qué edad tenía. Aquel niño apenas formado, pero versado en las costumbres del campamento, contestó que tenía dieciocho. Mengele, enfurecido, gritó: "Ya te voy a enseñar”. Ordenó a uno de los guardias que buscara martillo, clavos y un trozo de madera. Luego le indicó al soldado que clavara la madera a cierta altura sobre uno de los postes de la portería. "Pasen por ahí abajo”, ordenó Mengele a los niños. Ellos comprendieron de inmediato: aquel cuya cabeza no llegara a la marca sería seleccionado. Algunos niños, frenéticos, se llenaron los zapatos de piedras para agregarse altura. Otros, asustados, vagaban en derredor, mientras Mengele aullaba sus órdenes. Cerca de un millar no alcanzaron la norma impuesta por Mengele. Se produjo un salvaje forcejeo cuando los soldados de las SS, acompañados por perros, reunieron a los petrificados niños. Mengele se reía, gozando de la escena. Su hilaridad parecía aumentar con los gritos de los niños que clamaban por sus madres. En aquella masacre del Yom Kippur, mil niños fueron seleccionados y pasados por la cámara de gas. La selección que Mengele hizo en el Yom Kippur no fue caprichosa. Conocía la religión de sus cautivos. Sabía que, en el Día del Perdón, los judíos recitan una plegaria que habla de un rebaño que pasa bajo la vara del pastor, el Señor, que decide quién ha de vivir. Yom Kippur proporcionó a Mengele la ocasión de demostrar a los internos de Auschwitz que él era su pastor, su señor, el que controlaba la vara. 

En el caso que nos ocupa, la actitud no es ya la del colaboracionista que, por fatalismo o admiración, por cobardía o miedo, se deja aplastar por la coacción de otros. Aquí han cambiado las tornas. Los que deberían ser los guardianes de la vida del ser humano más débil e inocente, del no nacido, han tomado ahora en sus manos la vara de aquel pseudomédico que, poniéndose un día en el lugar de Dios, decidió sobre la vida o la muerte de los que tenía en sus manos. El impecable uniforme gris, con escarapela de oro y lustrosas botas altas, que lucía con tanto porte el SS Hauptsturmführer Mengele continúa mostrándose, si no en las palabras, sí en las obras de aquellos que, abandonando los más altos ideales evangélicos, se han vendido a un mundo que los ama como cosa suya. Porque ciertamente, corruptio optimi pessima.

 

 
    
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Sacerdotes por la Vida:

nuestros motivos...


No somos pocos los sacerdotes de esta diócesis de Barcelona que estamos a favor de la Vida y- aunque no podamos venir a la manifestación del 25V- muchos más los que nos apoyan y hacen posible esta página WEB

BLOG, 11 de septiembre 2013 - Con la liberación de Francia por los ejércitos aliados se pusieron en marcha los procesos de depuración contra los colaboracionistas. En 1945, tanto el Mariscal Pétain como Pierre Laval, jefe del gobierno, fueron llevados ante el Tribunal Supremo de Justicia -creado un año antes con la competencia especialísima de juzgarlos- acusados de “complot contra la seguridad del Estado e inteligencia con el enemigo”. En ambos procesos se ventilaron unas mismas cuestiones y se emplearon estrategias y argumentaciones similares.


Con todo, el proceso de Laval es de los dos el que resulta más ilustrativo, ya que mientras que Pétain optó por guardar un silencio desdeñoso, Laval, abogado y diputado de larga trayectoria, se defendió con la mayor vehemencia: “No hay un solo ámbito en el que no pueda demostrar, establecer y probar que la ocupación alemana habría sido mucho más cruel si yo no hubiera estado allí”. Y también porque, en su tácito reparto de funciones mientras compartieron el poder, Laval había asumido ser el ejecutor del trabajo sucio: “Ahora que estamos en la mierda, Mariscal, permítame ser su pocero”, le dijo al Pétain en 1942.


Ante la victoria del enemigo, había que entenderse con el vencedor para tratar, de modo inmediato, de mitigar las consecuencias de la derrota y aliviar el sufrimiento de los franceses. Y concluida la guerra, había que garantizar la pervivencia e integridad de Francia y su Imperio, y asegurar su papel en el nuevo orden europeo. En 1943 Laval decía: “Cada día intento hacer el máximo para que padezcamos el mínimo de perjuicios... Solo tengo una ambición, un objetivo, uno solo, hacia el que me dirijo como un sonámbulo: intentar todo lo posible para salvar a nuestro país reduciendo cada día sus sufrimientos, hacer que la tierra que pertenece a los padres pase a sus hijos y siga llamándose la tierra de Francia”. 


El estilo colaboracionista consiste en ceder a las demandas del poderoso para obtener compensaciones o contrapartidas si no a corto, a medio o a largísimo plazo, ya que lo esencial es ganarse la confianza del poder político para crear un ambiente propicio y distendido. En palabras de Laval: “Ahora dicen que habría sido mejor morir que negociar. Siempre he pensado que era mejor que existiera un gobierno francés, para servir de barrera entre el pueblo y el ocupante. Los nazis eran capaces de los peores crímenes, pero también podían ser generosos si sabías como tratar con ellos”.  


A la Iglesia, en cambio, no se la defiende con calculadas jugadas políticas o delicadas negociaciones.  Lo existencial en la Iglesia no es el colaboracionismo con el mundo, sino la persecución por causa de la justicia. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, no es signo de colaboración, sino signo de contradicción. Jesucristo no jugó a la política ni negoció y por ello su destino fue la Cruz: Per crucem ad lucem. Y si la barca de Pedro permanece firme en medio de las tempestades de la historia se debe sólo al poder de ese Espíritu.


Los colaboracionistas ceden una y otra vez en cuestiones esenciales, sino de iure, de facto. Y a cambio de todas estas clamorosas abdicaciones consiguen esas migajas de posicionamiento social, prestigio autonómico y reconocimiento estructural que anhelan desesperadamente. Y sin embargo, la Iglesia “no pone su confianza en privilegios dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición” (Gaudium et Spes, 75).


Presos de su error de apreciación acerca de la inexorabilidad de la estructura política, los colaboracionistas siempre se acaban encontrando en un callejón sin salida: tanto tiempo llevan a merced del poder que se vuelven incapaces de cualquier oposición contra él. El Régimen de Vichy quedó así atrapado en lo que se llamó un “engranaje de la concesión”, sin más salida que una permanente huida hacia adelante. 


Pero la colaboración no es del todo pasiva ni controlable. No se trata sólo de contemporizar. Deja huella. Porque el espacio social en el que se mueve el individuo está conformado por actitudes uniformes, códigos y reglas implantados por el poder: primero la despenalización, luego el derecho, primero la interrupción voluntaria, ahora el “aborto médico”, el derecho a la muerte digna y luego, la eutanasia.


No hay, por lo tanto, posibilidad de inocencia en la posición colaboracionista, no cabe alegar ignorancia. Al rendirse ante ese poder, el colaboracionista reconoce el predominio de la coacción en él, y al aplicársela a los demás se transforma en cómplice. Quizás más que el militante. De manera que el colaboracionista interioriza esta colaboración y, por fatalismo o por admiración, por miedo o por cobardía, la transforma en el objeto de su servilismo. 


En cada colaboracionista existe una decisión profunda y original que constituye el fondo de su personalidad: la de plegarse al hecho consumado, fuere éste el que fuere: corrupción política, aborto, eutanasia, experimentación genética, clonación embrionaria, matrimonio gay… Lo que sea, con tal de preservar la institución, la estructura. Su abandono o su destrucción acarrearía la pérdida de ciertos privilegios a los que de ninguna manera se quiere renunciar.


No quiero insistir en el escaso fundamento de las alegaciones sobre esas pretendidas ventajas, cuya obtención sería la razón de la presencia eclesiástica en los hospitales abortistas. Una cosa es cierta: esa política nos ha situado en una posición envilecedora, casi imperdonable y cuyo alcance y carácter no puede ser ignorado por sus autores. Nos causa un perjuicio moral y material tan grande que la Iglesia, a pesar de su clarísimo testimonio y de su activa contribución a la defensa de la Vida, deberá soportar durante mucho, mucho tiempo.

La Iglesia expresa y realiza la acción de Cristo. Es el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, el que sale en su defensa. En la Iglesia la vida de Cristo y del Espíritu adquiere una dimensión social, exterior y pública. La credibilidad de la Iglesia se funda en su testimonio humilde, pero valiente y arriesgado.

El engranaje de la concesión

El hospital de Al Capone...


“Se han  corrompido cometiendo execraciones, no hay quien obre bien”. (Salmo 52)

El hospital de “José Ángel”...


“Queden en silencio los labios mentirosos, que hablan con burla y desprecio y ofenden al hombre honrado”. (Salmo 31)

GERMINANS, 23 de noviembre 2013 - El estupor suscitado en el Hospital Comarcal de Sant Celoni por la dimisión de Mn. Ignasi Fuster como vicepresidente de su Patronato, ha entrado en una nueva etapa. El Obispo de Terrassa ha nombrado nuevo párroco, y Mn. Fuster se ha incorporado a la Archidiócesis de Barcelona.


Por razón de su cargo pastoral, el párroco de Sant Martí de Sant Celoni es también vicepresidente nato del Patronato del hospital, cuya presidencia la ostenta el alcalde de la ciudad. El alcalde y el párroco nombran los miembros del patronato: tres por la parroquia y cuatro por el Ayuntamiento.  El tesorero y el secretario están también en manos de la alcaldía. Y completa la estructura orgánica un código ético que parece salido de la Gran Logia Simbólica de la calle Avinyó.


La Fundación Hospital de Sant Celoni es una fundación privada que tiene una historia que se remonta al siglo XII. Ahora es Centro de Referencia de la subcomarca del Baix Montseny. Está integrado en la Red Hospitalaria de Utilización Pública (XHUP) formada por la mayoría de hospitales públicos de Cataluña, no pertenecientes al Institut Català de la Salut (ICS). Por ello, la mayor parte de su actividad ha acabado estando concertada con el CatSalut.


Las prácticas anti-vida del hospital eran sobradamente conocidas desde hacía años. Sin embargo, fue Mn. Fuster quien puso en conocimiento de Mons. José Ángel Sáiz Meneses lo que allí sucedía. Ya en el año 2007 le presentó un primer informe que se fue ampliando sucesivamente: en el hospital se hacían vasectomías y se dispensaba la píldora “del día después” en el servicio de urgencias. También la RU-486 -para abortar durante el primer mes- amenazaba con aparecer. Las gestiones de Mn.  Fuster ante el Ayuntamiento fueron constantes. Con insistencia pidió al patronato la suspensión de unas prácticas que contradecían la presencia de la Iglesia en un hospital. En una reunión con el anterior alcalde, también facultativo del hospital, éste propuso a Mn. Fuster un pacto: dejar las cosas tal como estaban -esterilizaciones y píldora- a cambio de no introducir la RU-486. Y aquí paz y después gloria. La propuesta era tan burda que fue rechazada de plano por el párroco. Desde el mismo obispado de Terrassa, se quiso llegar a un acuerdo con el alcalde para salvaguardar la presencia eclesiástica en el patronato y, a la vez, eximirla de toda responsabilidad en las actividades sanitarias. La cosa era verdaderamente complicada y no pasó de ser una entelequia.  La pelota quedó finalmente en el tejado de Sáiz Meneses: estaba claro que el hospital no iba a ceder. La mayoría de los miembros del  patronato no estaban por la labor. ¿Qué debía hacer entonces el párroco? ¿Quedarse y callar? ¿Quedarse y protestar, o denunciar y dimitir? Fue pasando el tiempo y no se movía ni una hoja.


Finalmente, habiendo comprobado la inutilidad de sus esfuerzos, contra el parecer del Sr. Obispo que le aconsejaba esperar tiempos mejores desde el patronato del hospital, en  marzo de 2011 Mn.  Fuster dimitió como vicepresidente y puso el cargo de párroco a disposición del obispo de Terrassa . Mosén Fuster, en una tumultuosa reunión del Patronato tuvo que enfrentarse no al Ayuntamiento, sino a los representantes de la parroquia, nombrados por el anterior párroco -ahora vicario episcopal- Mn. Lluís Pou, que prácticamente le insultaron. En la junta le reprocharon con insolencia el abandono de una institución que -según ellos- era tan benéfica para la ciudad y que tanto bien podía hacer con el pedigrí que le ofrecía la presencia de la Iglesia. Sin embargo, a pesar de todas las presiones, Mn. Fuster en conciencia y ante la actitud de la dirección hospitalaria de continuar con las prácticas contrarias a la moral católica, se despidió y salió por la puerta grande: la del testimonio valiente y arriesgado de la verdad. Era la única salida, ya que consideraba inaceptable la connivencia institucional con el mal . Los miembros parroquiales del patronato siguieron en sus cargos en clara rebeldía ante la posición de su párroco. Desde entonces la situación quedó estancada.


Si Sáiz Meneses removía al párroco y nombraba a otro, debía tomar una decisión: volver al patronato con el nuevo sacerdote o mantener la postura de Mn. Fuster, es decir, continuar fuera del hospital como protesta. Removerlo rápidamente hubiese parecido o un castigo al valiente sacerdote o su desautorización, lo cual no era muy conveniente para el prestigio de la recientemente creada diócesis de Terrassa. El tema era lo suficientemente grave como para actuar con cautela.


El Obispo buscó consejo y desde la Congregación para la Doctrina de la Fe llegó un “Parecer sobre las preguntas planteadas por S.E.R. José Ángel Sáiz Meneses, obispo de Terrassa”. El Sr. Obispo se  agarró a este “parecer” como a un clavo ardiendo, haciéndolo pasar como “dictamen” y afirmó que la Santa Sede le daba permiso para permanecer en los patronatos de los Hospitales de Sant Celoni y Granollers a la espera de resolver lo de las prácticas abortivas.  La crisis se resolvió en falso y, a día de hoy, todo continúa como hace un año: el aborto estancado cual agua pútrida.


El paso del tiempo demostró que la situación creada en el hospital con la dimisión del vicepresidente era insostenible: sin la presencia del párroco, el patronato cojeaba. Sáiz Meneses lo tenía difícil. Prolongar la situación significaba poner una pica en Flandes que le enfrentaba al Ayuntamiento y al resto del patronato. Sostener con la ausencia del párroco esa actitud de denuncia y protesta, era demasiado arriesgado... Pero la trigonometría pastoral del obispo de Terrassa ha encontrado la solución: cambiar los estatutos de la entidad. El vicepresidente ya no será el párroco, sino un laico nombrado por la Iglesia. La segunda parte de la solución es sacudirse al incómodo párroco y proveer de nuevo la parroquia de Sant Celoni y su hospital. A partir de ahora todo será más sencillo. Un sacerdote con arrestos siempre puede plantar cara a su obispo, si tiene la verdad de su parte. Un laico “escogido”, difícilmente lo hará… Mn. Ignasi se va de la parroquia y de la diócesis, y se abre en ésta una nueva etapa de armónico colaboracionismo con el hospital y el Ayuntamiento: porque está claro que el nuevo párroco ya no podrá aducir ningún problema de conciencia, puesto que en la vicepresidencia del patronato ya no estará el cura, sino un hombre de paja del Sr. Obispo de Terrassa.


En el Hospital General de Granollers, cuya estructura es similar a la del Hospital de Sant Celoni, tras un tímido intento de acabar con los abortos por parte del obispado de Terrassa -cosa que le honra- y de la negativa del hospital, todo quedó sobreseído.  Todos en sus puestos -el vicepresidente laico nombrado por la Iglesia- y, desde hace ya tres años, el silencio más absoluto: píldoras, esterilizaciones, abortos -los eugenésicos son su especialidad- y ¡a callar todos! Todos, menos una docena de militantes Pro Vida que desde hace seis meses se manifiestan cada día 25 frente al hospital. Porque el Hospital de Sant Celoni no pasa de ser un caniche frente al mastín del Hospital General de Granollers.


Es forzoso reconocer que Mons. José Angel Sáiz Meneses lo tiene difícil. Tan difícil como Jesucristo con el endemoniado de Gerasa (cf. Mc 5,1-20). Cuando el Señor lo liberó de la legión de demonios que lo dominaban, los envió a una piara de cerdos que se ahogaron lanzándose al lago. Luego vinieron los porquerizos y suplicaron  a Jesús…  ¡que se fuera! Resulta que esos dos hospitales son esa piara que puede perderse con el exorcismo y por eso piensan que es mejor expulsar definitivamente a Jesús. Aquella gente de Gerasa prefería soportar la compañía del endemoniado, que andaba día y noche por cerros y tumbas gritando y lastimándose, que  renunciar a los sabrosos jamones de los cerdos. El daño colateral, el precio que se paga por el servicio hospitalario, son esos abortos e inmoralidades que casi todos parecen dispuestos a soportar con resignación, al igual que los porquerizos con el endemoniado. El precio del exorcismo fue la expulsión de Jesucristo de aquel territorio. Y es que al final hay que elegir: o el miedo de los porquerizos, o la libertad de Cristo. 

La Academia Pontificia para la Vida bajo sospecha


La hermana Margarita Bofarrull, presidenta del abortista y eutanásico Instituto Borja de Bioética, miembro de la Academia Pontificia para la Vida.

GERMINANS, 9 de enero 2014 - El pasado mes de diciembre, en la más estricta intimidad y con delicada discreción, la hermana Margarita Bofarull Buñuel, presidenta del abortista y eutanásico Instituto Borja de Bioética, fue nombrada miembro de la Academia Pontificia para la Vida. La misma Conferencia Episcopal ha querido esconder púdicamente en el currículum de la monjita su responsabilidad en las vergüenzas del Instituto:  Actualmente es profesora de Moral de la Facultad de Teología de Cataluña y de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador, CA. Vicepresidenta de CONFER España (2009-2013). Miembro del Consejo de redacción de la revista Labor  Hospitalaria, siendo la responsable de la sección de ética y salud. Con profundos vínculos con el abortista Hospital de San Juan de Dios de Esplugues, que se cubrió de gloria organizando en diciembre de 2012 una conferencia sobre la eutanasia conjuntamente con la Asociación para el Derecho a Morir Dignamente, dirigida por el Dr. Montes, ex-matarife del Hospital de Leganés. La organización de la conferencia era competencia de la hermanita Margarita, Presidenta del CEA del Hospital Materno -Infantil Sant Joan de Déu y miembro de la Comisión General de Bioética de la Orden Hospitalaria de Sant Joan de Déu. La denuncia pública de tanta desfachatez les llevó finalmente a trasladar la conferencia a la tumba blanqueada del hotelito contiguo al hospital.


El Instituto lleva su nombre en honor al santo jesuita San Francisco de Borja -que se remueve en su tumba- y fue fundado por el sacerdote de esta orden religiosa y médico Francesc Abel Fabre en 1976.  El Patronato, órgano rector máximo de la organización que avala todo tipo de prácticas anti-vida, está presidido ahora mismo por la hermana Margarita Bofarull Buñuel, de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. El citado Instituto se caracteriza, ya desde su fundación por el P. Abel, no sólo por una descarada heterodoxia en sus planteamientos morales, sino por la aceptación del aborto provocado y de la eutanasia -¡eso sí!- en determinados casos. El Hospital Materno-Infantil de San Juan de Dios de Esplugues acoge su sede y se nutre de sus enseñanzas.


La revista Bioética & Debat, Tribuna abierta del Institut Borja de Bioética, según dicen ellos mismos, afirma: “el simple hecho de haber sido víctima de una violación podría justificar la demanda del aborto”. “La dignidad de la mujer violada, que se ha visto brutalmente agredida en su integridad, no puede hacer exigible el sacrificio de llevar adelante una gestación fruto de esta agresión”, aseguraba el Instituto. El Instituto Borja también avaló el aborto durante las primeras 12 semanas de gestación, asegurando que este plazo “garantizaría suficientemente que se haya podido diagnosticar el embarazo y que la gestante disponga de un tiempo de reflexión y ponderación de su decisión”. A los pocos días de publicado, los Obispos catalanes no tuvieron más remedio que advertir que el documento del Instituto Borja “al admitir la legitimidad ética y jurídica del aborto, contradice el principio fundamental de la enseñanza de la Iglesia”.   El Instituto Borja nunca rectificó.


A pesar de todo ello, haciendo gala de una ignorancia supina -prefiero pensar eso-, Mons. Ignacio Carrasco de Paula ha nombrado miembro de la Academia Pontificia para la Vida, a la presidenta de un Instituto Bioético que ha hecho gala de posicionarse repetidamente con los promotores de la cultura de muerte. Sin embargo, tal vez no nos debería sorprender la extraña deriva de la Pontificia Academia. Monseñor Carrasco llegó a ella después del escándalo montado por el ingenioso invento del anterior presidente, Mons. Rino Fisichella: el aborto por compasión. Los académicos, muy profesionales y a la vez muy combativos, se rebelaron contra D. Rino y consiguieron su cabeza no sin antes haber sudado tinta.


Pero las desgracias no acabaron con Fisichella. Ya con Mons. Carrasco en la presidencia, en febrero de 2012 tuvo lugar en Roma una sesión de estudio de la Academia Pontificia para la Vida sobre la infertilidad.  Aquello sí que fue apoteósico… Los ponentes, cantando las bondades de la Fecundación in Vitro (FIV), minimizando los efectos de la píldora del día después y recomendando los anticonceptivos como prevención del cáncer. Eberhard Nieschlag del Centro de Medicina Reproductiva y Andrología de la Universidad de Münster señaló con toda su cara dura que en la inseminación artificial "el proceso de fertilización es totalmente natural." "La manera de llevar el esperma y el óvulo juntos es artificial,  pero la fertilización no es artificial". Eso es lo que quiero decir. Pero creo que es principalmente un problema semántico".


Ante tamaña tomadura de pelo, los académicos no pudieron más: patearon el suelo y silbaron, otros se levantaron y se fueron.  “Creo que la reacción del público -los académicos-  no acaba de ser clara," dijo la presidenta de la mesa, prof. Angelique Goverde, agregando que ella no entraría en "un debate teórico o filosófico o religioso", pero la respuesta de la audiencia indicaba que "tenemos un punto de vista diferente en esta preocupación". ¡El acabóse! Thomas Hilgers, director del Centro Nacional para la salud de la Mujer en el Instituto Pablo VI para el Estudio de la Reproducción Humana afirmó: “La conferencia ha sido un gran perjuicio para los católicos de todo el mundo y para la Academia, que es la principal organización provida católica. Se puede decir que ha entrado en cooperación formal con un grupo de personas que son diametralmente opuestas a la doctrina moral de la Iglesia”. El descomunal cabreo de los académicos duró tanto que llegó a provocar la suspensión de un nuevo simposio organizado también por Mons. Carrasco -peor que el primero- convocado para el mes de abril: la III Conferencia Internacional sobre la Investigación Responsable sobre las Células Estaminales. Algunos de los relatores eran destacados experimentadores con células estaminales obtenidas a través de ¡embriones humanos! que luego, lógicamente, son desechados.


En mayo de 2012, Josef Seifert, miembro de la Academia y rector fundador de la Academia Internacional de Filosofía en Lichtenstein escribió una carta abierta al presidente de la Pontificia Academia para la Vida. La misiva expresaba  “un profundo sentimiento de tristeza y una enorme preocupación por el gran peligro que percibo de que la Academia está perdiendo su pleno y puro compromiso con la verdad y su entusiasta servicio a la magnífica e irreductible enseñanza de la Iglesia sobre la vida humana y su total esplendor"..Y seguía: “Los críticos a esta conferencia pública -la de la fecundación in vitro- y a la conferencia sobre células estaminales que fue cancelada, fueron maltratados y ofendidos en esta misma conferencia. De las siete conferencias de ese día relacionadas con la ética de este asunto altamente sensible del tratamiento de la infertilidad", las primeras 5 "prescindieron completamente de cualquier explicación antropológica, ética, teológica y especialmente magisterial sobre la doctrina moral católica sobre estos temas y sólo se refirieron a métodos como la píldora, la inseminación artificial y la fertilización in vitro. Los asuntos morales sobre la fuente y los métodos de investigación en células estaminales, que eran los asuntos más significativos que el Congreso promovido por la Academia debía examinar, fueron calificados como ‘controversias inútiles’".


La cosa quedó ahí. Monseñor Ignacio Carrasco de Paula calló como un muerto y ahora vuelve a hablar nombrando miembro de número de la Academia Pontificia por la Vida a la presidenta del abortista, eugenésico y eutanásico Instituto Borja de Bioética. Y es que los académicos nombrados por Juan Pablo II son demasiado combativos, demasiado irreductibles en sus principios, demasiado profesionales para dejar que pisoteen la doctrina católica en sus narices. Es necesario equilibrar la Pontificia Academia con otro perfil que no será ya el de meapilas inofensivo, sino el del Dr. Mengele -el SS Hauptsturmführer de Auswitch- oliendo a incienso. Con esos amigos, la Iglesia puede vivir descansada de sus enemigos: y en efecto, buen descanso que le dan. ¡Que el Señor nos asista! 

GERMINANS, 24 de junio 2013 - El pesebre socio-convergente del Hospital de Sant Pau, cuyo mayor pedigrí es el que le ofrece el Arzobispado de Barcelona, hace aguas. Y las hace de la misma manera que el gángster Al Capone cuando fue cazado por el FBI no por sus crímenes, sino por sus deudas con la hacienda pública. En este caso, con el patrimonio del mismo hospital, en trance de presentar concurso de acreedores.  


Alphonse Gabriel Capone comenzó su carrera en Brooklyn antes de trasladarse a Chicago y convertirse en la figura del crimen organizado más importante de la ciudad. Hacia finales de los años 20, Al Capone ya estaba en la lista de los "más buscados" del FBI. Aunque probablemente nunca fue iniciado en la Cosa Nostra, rápidamente se asoció con la Mafia y se adueñó del hampa de Chicago después de eliminar a todos sus rivales en una serie de guerras. Los enfrentamientos entre las bandas culminaron con el acribillamiento en un garaje de los cinco últimos jefazos de la competencia, el día de San Valentín de 1929. Aunque los detalles de la Matanza de San Valentín aún se discuten, y nadie fue procesado por el crimen, los asesinatos son atribuidos a Capone y sus hombres. Después de deshacerse de sus rivales, Capone siguió enriqueciéndose gracias al tráfico ilegal de bebidas alcohólicas ocasionado por la Ley Seca, y a través de su vasta red clandestina de salas de juego. 


No hubo manera de pillar a Al Capone por sus crímenes, así que se le persiguió y se le atrapó por la cuestión fiscal, mejor documentada, y al final consiguieron encarcelarle. Le cayeron 11 años en una prisión federal. 


Y ahora resulta que la autoridad judicial ha pillado al Hospital de Sant Pau por lo mismo que enchironó a Al Capone: por el vil metal. No por los abortos, lógicamente, muchos de ellos inequívocamente delictivos, tanto en la antigua como en la nueva ley del aborto. Éstos se remontan a 1987 y no han parado desde entonces: ni los abortos “de alto riesgo” (no sólo médico, sino también judicial) ni por las demás prácticas contra la vida condenadas por la doctrina de la Iglesia. Entre ellas, y no de menor cuantía, el acaparamiento de embriones humanos en neveras repletas… para lo que se ofrezca: que la ingeniería genética humana apenas está en sus cimientos; y un hospital de tanto renombre como el de La Santa Cruz y San Pablo no puede quedarse atrás en esa carrera. Ya se cuidó Al Capone de que la autoría de sus asesinatos y fechorías fuera siempre un secreto. A voces, pero secreto. 


¿Cómo es posible que se arme tanta escandalera porque alguien robe tantos o cuantos millones de euros del Hospital? ¡Tampoco hay para tanto! Desde la perspectiva de un católico -no la de Capone-, lo gravísimo, lo intolerable es tener la certeza de que se están practicando abortos y otras inmoralidades en un hospital de la Iglesia. Eso sí que es para poner el grito en el cielo, rasgarse las vestiduras, mesarse las barbas, cubrirse la cabeza de ceniza, vestirse de saco y ayunar a pan y agua mientras siga en pie esa iniquidad.


Pero he aquí que todo el mundo, incluida la jerarquía eclesiástica implicada en el patronato del hospital, vive eso con la mayor naturalidad, sin hacer aspavientos y manteniendo la compostura. "Supieron estar", acertaron a comportarse. ¡Qué entereza!, dirán de ellos las crónicas. 


Y sin embargo, al descubrirse que el hospital está en quiebra porque son bastantes los que se han dedicado a robar y a cobrar (dicen que como en el Palau... ¡hay que ver los estragos que está haciendo el modernismo!), da la impresión de que ahora sí que están pasando cosas sumamente graves, ahora sí que se nos hunde el suelo bajo los pies. Y sobre esto decía hace muy poco -en petit comité- el Papa Francisco: “Hay algo que me preocupa. Hay grupos muy, muy pequeños, unas pocas personas, gente muy mayor… No tienen vocaciones, qué sé yo, el Espíritu Santo no quiere que sigan, quizá han cumplido ya su misión en la Iglesia, no sé… Pero ahí están, aferradas a sus edificios, aferradas al dinero… El manejo del dinero… es algo que necesita ser reflexionado”. Tiempo y motivos han tenido en el Sant Pau para reaccionar, pero el tiempo se les ha acabado… Porque se trataba, a fin de cuentas, de conservar el patrimonio -acumulado durante siglos- y por ello había que estar presentes en los órganos de gobierno al precio que fuese. Y lo han pagado, vaya que si lo han pagado: con la ignominia del traidor, de aquel que vendió la primogenitura por un plato de lentejas. Preocupados no por la moralidad de los actos médicos, sino por mantener el colaboracionismo servil con un poder político amoral y corrupto. Para eso, y no para nobles fines, acabará sirviendo el patrimonio: porque la pervivencia de la institución -piensan- pasa por encima del bien y de la verdad. Es la razón de estado. 



¡Pues qué quieren que les diga! De una corporación que ha acomodado la ciencia y la conciencia al descuartizamiento de niños, siempre con espléndidas razones, y que tan inconscientemente está poniendo los cimientos a cualquier aberración genética con embriones humanos, se puede esperar todo: seguro que encontrarán también para ello espléndidas razones. De verdad, estas bagatelas económicas son peccata minuta comparadas con la catadura moral que imponen el aborto y la ingeniería genética con embriones humanos. Por cierto, ¿ha hablado alguna vez en este sentido la representación del arzobispado en la Muy Ilustre Administración del hospital? Parece que, de haberlo hecho, ha sido muy bajito, sin alzar la voz ni descomponer el gesto: para no molestar demasiado, no vaya a ser que se pierdan las prebendas y el estatus. Como aquellos políticos, policías y magistrados cuya miopía y silencio santurrón disfrazados de prudencia, eran generosamente recompensados por Al Capone. Pero bueno, nosotros, a los que nos empuja la fe a ser providencialistas, creemos que esta crisis del Hospital de San Pablo es una oportunidad de oro para resolver la gran cuestión moral de fondo que éste tiene planteada. Sobre todo la que le tiene planteada a la Iglesia. Si ésta forma parte de su patronato, no puede haber en él abortos. Y si hay abortos en este hospital, la Iglesia no puede formar parte de sus más altos órganos directivos. Éste es un momento excelente para dar carpetazo o para dar el portazo. Extrapolando las palabras del Papa, “qué sé yo, el Espíritu Santo no quiere que sigan, quizá…”

Mn Custodio Ballester, Marcia Nazionale per la Vita (Roma)


GERMINANS, 11 de agosto 2013 - Muchas veces me he preguntado cómo es posible que estando como estamos la mayoría de los sacerdotes contra el aborto, a la hora de la verdad lo consintamos mucho más allá de lo que requieren la compasión y la caridad cristianas; y nos resistamos por tanto a denunciar las perversas maniobras de promoción de esta práctica por parte de las leyes y las instituciones.


La estructura de pecado que constituye el aborto y que sostienen muchos y variados organismos nacionales y supranacionales, se configura hace tiempo como un auténtico tejido social de muerte, como una guerra de los poderosos contra los débiles destinados al sacrificio. El resultado de la anuencia, de la complicidad y la pasividad de tantos es un sistema político-económico globalizado, que con el pretexto de la tolerancia favorece comportamientos contrarios a la vida y alimenta la cultura de la muerte, llegando a crear  y consolidar verdaderas “estructuras”  contra la vida. Se trata pues de una conjura contra la vida más débil, que afecta “no sólo a las personas concretas en sus relaciones individuales, familiares o de grupo, sino que va más allá, llegando a perjudicar a nivel mundial las relaciones entre los pueblos y los Estados” (Evangelium Vitae, 12). Sólo reduciendo el tema a una privadísima cuestión de confesionario en el mejor de los casos, podemos los curas sacudir nuestra conciencia de cualquier personal escrúpulo de inacción y cantar con Rita Pavone: Che m’importa del mondo.  Qué me importa cuando yo ya hago lo que el confesionario me deja y mi oración permite. El mundo gira y gira, y nadie puede detenerlo…


 No olvidemos, sin embargo, que los abortos no los practican las mujeres, sino médicos subvencionados por el Estado. La mujer se someterá o consentirá, casi siempre por fuertes presiones del varón implicado en su embarazo; pero su práctica forma parte de un sistema bien estructurado y financiado. Es en ese frente en el que hay que resistir y en el que contraatacar. La más generosa y exquisita compasión cristiana (si acaso es ésa la coartada de que se valen muchos para cruzarse de brazos ante el tremendo drama humano del aborto y para lavarse las manos como Pilatos), nunca puede ser la excusa de la inacción. El P. Angel Ayala -fundador de la Asociación Católica de Propagandistas-, allá por los años cuarenta afirmaba: “La oración es lo primero, pero no es lo único ni es suficiente”. ¡Hay que actuar!



Lanzo esta hipótesis como respuesta a nuestra inacción: siendo el aborto la culminación de todo un edificio de una “libertad” sin referencia ni a la verdad ni al bien; siendo el recurso al aborto manifestación de la “no represión” sexual, si los que callan se mostrasen claramente contra el aborto, estarían denunciando implícitamente todo el edificio de nueva “moral sexual” del que el aborto no es más que la coronación. Y en esto sí, ya podemos tirarles de la lengua, que la mayoría confesarán sin el menor recato que no están de acuerdo con la rigidez de la moral sexual de la Iglesia que lleva a las gentes al retortero.


Y es que la culpa de la destrucción de la familia, de la extensión de la anticoncepción, del aborto como pandemia y, al final, de la normalización de la eutanasia, la tenemos los curas. Así de claro, hombre. Porque cuando dieron carta de ciudadanía al divorcio en 1981, Landelino Lavilla dijo aquello de que “los católicos no necesitamos que las leyes refrenden nuestras convicciones” y así nos lució el pelo. El clero lloriqueó un poquito

 -sólo un poquito-, pero luego nos callamos como muertos y, poco a poco, el divorcio se convirtió en la solución para muchos, en el parche reconstructivo que les permitió “rehacer” su vida  y encima seguir comulgando con el disimulo del celebrante.


Cuando salió la píldora anticonceptiva, PabloVI, contra la opinión de todos los “sabios” de este mundo, publicó en 1968 la Humanae vitae y a muchos eclesiásticos -de todo rango y condición- les sentó como un tiro, pues veían en la anticoncepción artificial la solución a los problemas morales de la humanidad. Casi todos callaron y silenciaron la voz profética del sucesor de Pedro, haciendo creer al pueblo que todo el monte es orégano. Sólo el Papa intuyó entonces que la separación de los aspectos unitivo y procreativo del acto conyugal, traería unas consecuencias nefastas que aún ahora seguimos pagando: la plaga del aborto, la fecundación in vitro y la experimentación con embriones. Finalmente, el desprecio a la vida que ha de nacer, llevó al desprecio de la que se acaba: y así nos encontramos hoy ante la difusión de la eutanasia, practicada abiertamente o incluso legalizada en no pocas naciones, y subrepticia o encubierta en otras; pero siempre entre la indiferencia de la mayoría.


Cuando despenalizaron el aborto en 1985, un documento de doctrinal lamento y luego… un clerical y sepulcral silencio que ha durado -con breves y prudentes excepciones- hasta el día de hoy. Con la ley Aído del derecho al aborto y el “matrimonio” gay han sido los laicos -aquí y allá- los que han sacado de su postración, apoltronados en el dolce far niente, a unos eclesiásticos resignados a seguir la corriente de un río impetuoso que está arrasando nuestros valores. Es que nos hemos acostumbrado a asumir el aborto como daño colateral de la sociedad del bienestar; como el precio, que pagamos resignados, de una pegajosa comodidad. A pesar de todo, mucho me temo que todo haya pasado con más pena que gloria al archivo episcopal, a esas cajas de los definitivos que se cierran para no abrirlas jamás. Bueno, alguna vez, para que no digan los más intransigentes que estos temas han dejado de importar a ciertos pastores, aunque les importen más otras cosas…



Ya dijo Juan Pablo II en Evangelium Vitae -la encíclica olvidada- que la anticoncepción y el aborto son frutos del mismo árbol. Cuando la sexualidad se despersonaliza e instrumentaliza, ya no es el lugar y el lenguaje del amor -don de sí mismo y acogida personal del otro-, sino que se convierte en ocasión para afirmar el propio yo y satisfacer así los propios instintos y deseos. Se separan entonces los aspectos unitivo y procreativo del acto conyugal, se traiciona la unión del hombre y la mujer y la procreación es evitada absolutamente. La anticoncepción frustrada lleva entonces, como lógica consecuencia, al aborto provocado. La extensión de esta mentalidad no ha hecho más que aumentar el número de abortos a nivel planetario. Hasta el punto que hasta la Iglesia se ha visto chapoteando muy a su pesar en el fango que el silencio y la inacción de tantos eclesiásticos han fabricado. No son éstos los gozos y esperanzas, tristezas y angustias que los discípulos de Cristo debemos compartir. No es ésta la encarnación a la que estamos llamados.


Sólo el Evangelio de la Vida proclama esa cruz que nos salva, porque el Evangelio de la Vida es el propio Jesucristo que “ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia” (Jn 10,10). Por ello, cada uno de nosotros está ante el dramático choque entre el bien y el mal, entre la muerte y la vida. No estamos “ante”, sino necesariamente en medio de este conflicto. Todos nos vemos implicados y obligados a participar, con la responsabilidad ineludible de elegir a favor de la vida. No hay una vía intermedia entre la resistencia o el colaboracionismo. Si la vida de cada ser humano, desde que existe en el vientre de cualquier madre, es una palabra definitiva de Dios al mundo; si la vida que Dios nos concede es sagrada porque sólo a El pertenece; si el hombre por pura gracia está llamado a una plenitud de vida que va más allá de su existencia terrena; si esto es así, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre, naciente o terminal, sana o enferma, es un atentado al corazón mismo de la Iglesia, al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios. Es la diabólica destrucción de la única criatura que Dios ha querido por sí misma como signo de su presencia y resplandor de su gloria.


El compadreo, el silencio y la ambigüedad nos conforman con la mentalidad del mundo. Ésta nos hostiliza y nos hace impopulares. Sin embargo, debemos estar en el mundo, pero sin ser del mund,o con la fuerza que nos viene de Cristo que con su muerte y resurrección ha vencido al mundo. El Apóstol nos recuerda: “Dimos por segura la sentencia de muerte y así aprendimos a confiar sólo en Dios, que resucita los muertos” (2Co 1,9). ¿Es verdaderamente así o venderemos de nuevo nuestra primogenitura por un plato de lentejas cada vez más exiguo?

Corruptio optimi pessima


Cabe preguntarse: ¿qué hace en semejante hospital la Iglesia, representada por los hermanos de San Juan de Dios?

ANTOLOGÍA                     
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El cuarto jinete del Hospital de Sant Pau


“Miré, y he aquí que vi un caballo amarillo y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.” (Apocalipsis 6,8)

GERMINANS, 27 de febrero de 2014 - Joaquim Calaf Alsina es todavía -y por mucho tiempo, debe pensar él- el Jefe del Servicio de Ginecología del Hospital de San Pablo. Abortista declarado, promotor de la anticoncepción y de la píldora abortiva junto con el Departament de Salut de la Generalitat de Cataluña. Experimentador genético compulsivo, fue la  mano derecha de la exconsellera Marina Geli en materia eugenésica. Debería por edad estar retirado, pero continúa en su puesto a causa de una especie de figura laboral creada para él por sus amiguetes, pues tiene muchos… porque parece que es imprescindible. En resumen, una especie de jefe de servicio senior incombustible e injubilable.    


Partner asociado de Calaf es también la cabeza visible de este consultorio web sobre anticoncepción y aborto, avalado por la Sociedad Española de Contracepción y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, financiado por la compañía Janssen -multinacional fabricante de abortivos- y que pretende ser un “punto de encuentro y un referente” para aquellas personas que tengan alguna consulta sobre los diferentes métodos anticonceptivos y abortivos.  Una especie de wikipedia online para neófitos con ganas de aprender.

 

Con motivo de la puesta en marcha de la Ley Aído -el aborto como derecho-, en rueda de prensa con Marina Geli, Joaquim Calaf, director del servicio de ginecología y obstetricia del Hospital de Sant Pau de Barcelona, afirmó que antes de las seis semanas de gestación, el pequeño tamaño del embrión no permite la interrupción quirúrgica del embarazo. En estos casos se opta, "en la mayoría de países", por la interrupción farmacológica. El Dr. Calaf destacó que "cuanto antes se realice la interrupción voluntaria del embarazo, mejor: tanto por razones médicas como psicológicas". Además, añadió, "los riesgos o efectos indeseables son muy pocos". ¡Pocos, dice! Entre ellos, destacan las pérdidas de sangre abundantes, el dolor o una posible infección. Por esa razón “los hospitales ingleses ofrecen un tratamiento de antibióticos siete días después de la interrupción del embarazo”. Y eso que no hay riesgo. ¡Qué amables!


Cuando la píldora RU-486 se toma antes de la séptima semana de gestación, da lugar a una menstruación abundante, sin mayor repercusión física”. O sea que para el presidente de la Comisión de Técnicas de Reproducción Asistida de la Generalitat, Joaquim Calaf, la píldora abortiva no deja de ser un placebo con alguna que otra mínima repercusión. Y pontifica cual oráculo de Delfos: Cataluña debería apostar con firmeza por el aborto farmacológico, ya que es una opción menos agresiva y menos traumática para las mujeres”.  Sí lo es para el niño; pero no se quejará hasta el punto de que usted lo pueda oír, ¿verdad, doctor?




FOTO: El Dr. Calaf promocionando mujeressincomplejos.com



Los cuatro años transcu-rridos desde entonces no han moderado ni aplacado a Calaf, sino que lo han radicalizado. Se cubrió de gloria con unas desafiantes declaraciones al diario ARA el pasado 22 de diciembre. Mientras los jefes de servicio del Clínico o del Valle de Hebrón callaban como muertos, Joaquim Calaf, jefe de Ginecología en un Hospital de la Iglesia afirmaba: “Con la nueva ley española  del aborto volveremos a las prácticas que, como mínimo, serán oscuras. La ley actual permite saber dónde, cuándo y cómo, ya que las interrupciones voluntarias del embarazo están reguladas y ahora dejaremos de saberlo”. 


¿Quién puede pensar que la Ley eliminará automáticamente los 20.000 abortos anuales  en Cataluña? Se descubrirán vías para dar salida a esta demanda”, afirmó Calaf cada vez más envalentonado; y explicó que un elevado porcentaje de los profesionales que trabajan en salud de la mujer, están a favor de no cambiar la ley. Nos colocan  en una situación tercermundista en el ámbito de la salud de la mujer”, destacó Calaf. Y añade que la nueva ley “es un retroceso en los derechos de las mujeres, ya que con la ley en la mano la mujer que quiera interrumpir un embarazo no deseado sin ninguna otra circunstancia adicional, no podrá”. Y es que para este hombre el aborto es otro derecho humano.


Y sigue hablando por los codos: Los médicos -dice- consideran que la ley sólo puede atribuirse a criterios ideológicos, ya que no hay ninguna razón clínica para cambiar una ley que “no ha sido conflictiva ni para los usuarios ni para los profesionales. La ley actual no obliga a nadie a hacer nada y respeta a todos, mientras que la nueva impondrá cosas en contra de la voluntad de la paciente”, sentenció Joaquín Calaf, insigne defensor de la libertad para matar. 




FOTO: Mn Joan Benito, representante del arzobispado

acompañado de Marina Geli, Moratinos y Hereu



Esta cara dura impresionante, ese morro de cemento, ese provocativo engreimiento es el que ha debido “enamorar” a la delegada diocesana de Pastoral de la Salud de Barcelona, Mª José Martínez Lapeña. Desde hace tiempo se ha convertido en la solitaria defensora del esclarecido doctor ante el Cabildo de la Catedral -copropietario y responsable moral de la institución- cuyos canónigos están exigiendo, cada vez con más fuerza, la cabeza del Dr. Calaf a la Muy Ilustre Administración del hospital (MIA). Los dignos eclesiásticos todavía se hacen cruces al escuchar a la delegada abogar por el abortista ginecólogo: “Parece mentira que ustedes quieran arruinarle la carrera ¡con lo bueno y cristiano que es! Y además tiene unos hijos preciosos…” La pobre señora debe habitar en un licuado limbo de nubes sonrosadas; no lee los periódicos y debe pensar que los burros vuelan… Un espectáculo verdaderamente lastimoso. Su chifladura por Calaf  ha llegado a tal extremo, que Dª María José se atrevió a confiar a uno de sus colaboradores más cercanos que “si el Cardenal no le ha parado los pies a mossèn Custodio en esto del Sant Pau, es porque, en el fondo, piensa como él”. Lo cual, creo humildemente, que honra a nuestra diócesis y a su Pastor. Y muestra de paso que la máxima valedora de un doctor abortista como jefe de ginecología de Sant Pau, es la delegada diocesana de Pastoral de la Salud. A esta gran figura de la Pastoral de la salud en nuestra diócesis, le parece mal que el cardenal y el Cabildo catedralicio se sientan incómodos con el máximo responsable y promotor de los abortos en el Hospital de San Pablo: el doctor Calaf.


Sin embargo, aunque el Hospital de Sant Pau es un barco que hace aguas -morales y económicas-, abandonarlo no es factible. Entre otras cosas, la diócesis tendría que hacerse cargo de la parte correspondiente de su abultada deuda. Hay que bregar pues en medio de la tormenta y enderezar el rumbo cambiando al capitán, es decir, al jefe de servicio de ginecología del hospital. La mayoría de los miembros del Cabildo  están apremiando con verdadero enojo a la dirección del centro sanitario para obtener una verdadera reparación tras años de engaños y mentiras: el retiro inmediato de Calaf. Se sienten estafados y timados por unos caraduras sin escrúpulos. Los abortos –en “casos extremos” siempre, claro- son moneda corriente en el servicio de ginecología del Sant Pau.


El Dr. Simón, Presidente de la Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC), me confió con médica sabiduría: “La medicina tiene mucho de mecánico: Si las cosas se hacen bien desde el principio, se hacen siempre bien. Si los actos médicos comienzan haciéndose mal, se hacen siempre mal”. Por ello, el Ilustre Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Barcelona no quiere que un hospital históricamente católico acabe en manos de esos “despiertos para el mal” (Is 29, 17), en manos de ese cuarto jinete del Apocalipsis (cf. Ap 6,8) que ha convertido un lugar de misericordia y compasión, en un antro de homicidio y muerte para los no nacidos, sobre todo para los que vienen enfermos o malformados: la “interrupción médica del embarazo” en la que Calaf ha especializado a su equipo.  


Dios bendiga a esos buenos canónigos que honran con su valiente actitud a la Archidiócesis de Barcelona y nos hacen olvidar con su católica firmeza tantas traiciones y cobardías. ¡Dios les bendiga!

 

Nuria Terribas: el oraculo abortista


“Nuestro fallo de segregar a los imbéciles, quienes están aumentado y multiplicándose – un peso muerto de basura humana – engendra impasiblemente la clase de los seres humanos que nunca deberían haber nacido”. Margaret Sanger

A mediados de los años treinta, medio mundo aplaudía -y algunos las aplicaban ya- las teorías de “higiene racial” de Margaret Sanger, la loba de la eugenesia, fundadora de la multinacional abortista Plannet Parenthood. Su inquina hacia la proliferación de la raza negra era proverbial: “El enfoque educacional más exitoso para llegar al negro -decía- es a través de un llamamiento religioso. Deberíamos de contratar a tres o cuatro sacerdotes de color, preferentemente con conocimientos del servicio social y con atrayentes personalidades, para que expliquen a los negros las bondades de la anticoncepción”.


Precisamente, el Instituto Borja de Bioética -ahora institución dependiente de la Universidad Ramon Llull- fue fundado en 1976 por un jesuita, el P. Francesc Abel Fabre. Y es que la trayectoria del P. Abel, que abrió el primer centro de “planificación familiar” en Barcelona, le perfila como uno de esos sacerdotes soñados por la paranoia de Margaret Sanger. Al estar entre blancos, no fue necesario que fuera de color: pero resultó igual de útil. http://www.catalunyareligio.cat/articles/53636 El P. Francesc Abel era un jesuita que se pasó la vida dogmatizando y defendiendo desde el Instituto Borja la despenalización de la eutanasia, el aborto pre-implantacional, la anticoncepción que causa abortos tempranos -la píldora del día después- y la congelación de embriones. http://www.abcdesevilla.es/20100827/espana/instituto-bioetica-jesuitas-defiende-20100827.html Este eximio jesuita al que nadie le paró los pies, formaba también parte de la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia: cuando un ginecólogo pro vida protestaba de alguna propuesta para la destrucción de embriones tempranos o para distribuir abortivos, le remitían al padre Abel, que es jesuita y de la comisión de bioética: “Si él, gran biólogo y miembro de la Compañía de Jesús, no protesta, ¿de qué protestas tú, un laico sin especiales estudios de bioética?". http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=4485 Ningún meapilas se atrevía  a rechistar sobre eso…


Muy deteriorado físicamente y antes de dejar de pinchar y cortar, en 1999 nuestro jesuita fichó a Nuria Terribas como directora del Instituto Borja. Licenciada en Derecho, ya había sido amamantada en los jesuíticos pechos del P. Abel S. J. desde 1993, cuando empezó a colaborar con él a tiempo parcial. La hermanísima de Mónica Terribas, icono del periodismo oficialista vendido al poder -de él viven-, se convirtió así en La Reina del mambo bioético. Por aquel entonces, la actual presidenta del patronato del Instituto, Margarita Bofarull, participaba ya como vocal en el staff de la institución en la cual nunca protestó por nada y por nadie. Al contrario, aplaudió siempre con las dos orejas. La hna. Bofarull se ha convertido ahora en la cara amable de la institución. Ella es la beatífica mosquita muerta que cita a los Papas, habla con sumo tiento y mide escrupulosamente cada palabra que sale de su boquita. Nuria Terribas, la directora,  es la que hace el trabajo sucio: la que pontifica sin recato contra la doctrina católica y lo hace… ¡a destajo!  La Compañía de Jesús como tal, siempre se cuidó muy mucho de no verse implicada directamente en las rocambolescas doctrinas del Instituto. Sin embargo, nunca desautorizó ni al P. Abel ni a Nuria Terribas ni al susodicho Instituto bioético. Sencillamente, con su célebre estilo jesuítico (no es nuestra doctrina, pero nuestro hermano Abel es un buen hijo de la Iglesia), se mantuvo al margen de todo: como si el P. Abel no fuese un miembro de la Compañía, y ésta no tuviese la obligación de sujetarlo a la doctrina de la Iglesia y a la disciplina de sus superiores.


El Instituto Borja de Bioética (IBB) tiene miembros en 13 comités de ética asistencial en hospitales y grupos médicos. En estos comités se debaten decisiones éticas cotidianas y a menudo ellos están allí como "cuota cristiana": en San Juan de Dios de Sant Boi (salud mental), en el Hospital del Esperit Sant de Santa Coloma, en San Juan de Dios de Esplugues… El Instituto gasta 200.000 euros en sueldos. Recibe cada año 80.000 euros en ayudas públicas, 175.000 en ayudas privadas, 84.000 euros de "ingresos financieros" y 27.000 de "ingresos extraordinarios". O sea, un mini-holding en el que vivaquean como en su casa unos cuantos paniaguados bio-enchufados http://www.hazteoir.org/noticia/51306-gobierno-catal-n-destina-81225-euros-financiar-un-instituto-participaci-n-cat-lica-que


A la necesidad de respetar la vida humana desde su concepción, reiterada en los documentos pontificios y en las intervenciones públicas del Papa, el Instituto Borja de Bioética siempre ha introducido “matices”. Estando los socialistas en plena ofensiva abortista tras la euforia de su llegada al gobierno, el Instituto Borja les echó una mano publicando el panfleto abortista Consideraciones sobre el embrión humano y el Manifiesto para la Despenalización de la eutanasia. Eso sí, sólo en determinados casos. http://www.ibbioetica.org/eutanasia/euta_cast.pdf .  En el monográfico sobre el embrión de su revista Bioètica & Debat, el Instituto Borja ve “difícil” considerar individuo al embrión antes de su implantación. El texto indica que “antes de la implantación, en ningún caso se puede hablar de aborto porque aún no se ha iniciado la gestación”. http://www.ibbioetica.org/es/img/home/BD_57_esp_F ¡Toda una declaración de intenciones! A partir de ahí, como se trata de simple material metabólico o vete a saber qué, queda abierta la veda para hacer con los embriones esos que no son nada, que ni son algo de la especie humana ni tienen nada que ver con el respeto a la vida humana, pueden hacer con ellos todas las monstruosidades que a uno se le ocurran: los tienen a millones… así que no es fácil que se les agote la imaginación. Y lo que hagan, no tendrá nada, absolutamente nada que ver con la dignidad humana: por monstruoso y aberrante que sea. Es eso, ¿no? 


El Dr. Arcadi de Arquer, de Médicos Cristianos de Cataluña, apuntó entonces que los argumentos del Instituto Borja para aceptar la eutanasia eran idénticos a los de "Gnadentod" nacional-socialista, la "muerte por piedad" que aprobaron los nazis en 1938 y que causó unos 300.000 muertos sólo en Alemania: enfermos crónicos, mentales, discapacitados, ancianos, adultos y también niños… y al final, soldados heridos: la piedad es discrecional, y la pone generosamente el que aplica la eutanasia. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14949


Por fin, en 2009 la Conferencia Episcopal Tarraconense emitió una nota desautorizando al Instituto Borja. Para entonces, el jesuita Francesc Abel era ya un veterano defensor del aborto pre-implantacional (en los 14 primeros días de vida del nuevo ser humano). Desde hacía tiempo iba diciendo por la prensa que “el concepto de dignidad humana no es aplicable al embrión humano in vitro” (ni a las indignidades y aberraciones que se puedan hacer con él, puesto que no hay nada que lo impida) y que “es lógico proteger al embrión una vez implantado, pero no antes”.   http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=15019


Sin embargo, en aquel entonces nadie tomó medidas disciplinarias, y eso que el Patronato del Instituto estaba integrado por los jesuitas Francesc Abel, Joan Carrera, Lluís Magriñà y los hermanos hospitalarios Miguel Martín Rodrigo y Pascual Piles Ferrando. Ahora, con la nueva presidenta, la santurrona Margarita Bofarull, el Instituto ha seguido en la misma línea.  Cada año, 60 alumnos pasan por sus cursos de bioética relativista y eugenésica. “Falsos profetas, vestidos con piel de oveja, pero que por dentro son lobos rapaces” (Mt 7, 15). Relativistas descarados -eclesiásticos también- que, subvencionados por el poder, conciben el bien de la humanidad como el asalto salvaje a la vida y a la dignidad de los más débiles, de los más indefensos, de aquellos que por ser los más inocentes no pueden resistir ni protestar ante los oráculos de la muerte. Y consideran que es bueno para la humanidad que los científicos puedan manipular a su antojo el “material genético” (por lo visto, no humano) que guardan en sus congeladores: por el que ellos han decidido que sea “el bien de la humanidad”. Si el aborto (primera fase de la descarada manipulación de la vida humana) es espeluznante, lo que pueden llegar a hacer con la manipulación de los embriones congelados, nos congelará la sangre en las venas. CUSTODIO BALLESTER, PBRO.

La Loba eugenésica


“La exposición de los enfermos, los débiles, los niños deformes, en definitiva, su destrucción, es más decente y en verdad mil veces más humana que la miserable locura de nuestro tiempo que preserva a los sujetos más patológicos y, de hecho, lo hace a cualquier precio”. (Adolf Hitler. Mein Kampf)

Cuando se presentó en sociedad el primer bebé seleccionado genéticamente antes de nacer para evitar que padeciera una mutación ligada al cáncer de mama, comparecieron en rueda de prensa el director del programa de reproducción asistida, el ginecólogo abortista Joaquim Calaf  y, cual perejil de todos los guisos bioéticos, Núria Terribas, directora de Instituto Borja de Bioética. http://www.ibbioetica.org/es/#&panel1-2  El procedimiento consistió –explicaron- en fecundar varios óvulos para obtener varios embriones; de los que únicamente se seleccionaron los que carecían de la mutación cancerígena. Finalmente, los “especialistas” del Hospital Sant Pau de Barcelona –Calaf y sus secuaces- implantaron a la mujer dos embriones 'limpios', de los que sólo uno sobrevivió. Los demás, ¡a la basura! Sin embargo, doña Núria explicó los “posibles conflictos éticos” que puede suponer un procedimiento médico como este y sentenció: "Quizás para mucha gente el fin no justifica los medios, pero nos tenemos que poner en el lugar de esta familia para entender que sí los puede justificar". ¡Qué comprensiva y qué cínica! En fin, lo de siempre: aborto por compasión, eutanasia por compasión y eugenesia también por compasión. ¡Faltaría más! Hasta ahí llegan las sesudas disquisiciones bioéticas de la niña bonita del padre jesuita Francesc Abel, fundador del Instituto Borja y del primer centro de “planificación familiar” en Barcelona.


En el programa Terrícoles de BTV la Sra. Terribas fue mucho más allá. http://www.btv.cat/alacarta/terricoles/26934/. Cual nuevo Dr. Goebbels, declaraba: “Ciertas cosas todos entendemos que pueden ser un bien para la humanidad. Por ejemplo, evitar las enfermedades o evitar el nacimiento de personas con patologías que pueden ser hereditarias”. Literal: “Evitar el nacimiento de personas”. Naturalmente, la única forma que hay de evitar el nacimiento de esas personas, es matándolas mediante cualquiera de las técnicas de aborto o congelándolas sine die, y al fin destruirlas. Es la muerte por piedad que practicaron los nazis. Es ese el morro de cemento ha llevado a doña Nuria, cual eugenésica loba, a aparecer varias veces en público con el matarife del Hospital de San Pablo, Joaquín Calaf, cantando alabanzas de esa técnica genética que permite escoger a los más capaces y liquidar a los inútiles por enfermos. http://www.abc.es/20110318/sociedad/abcp-debate-etico-bebe-libre-20110318.html La Terribas tiene sus razones para hacerlo, heredadas –claro está- del P. Abel y asumidas y proclamadas por su aventajada alumna ante el obsequioso silencio de quienes deberían pararle los pies: “No podemos decir que haya una vida humana que hemos de proteger como si fuera una persona hasta que no hay una implantación del embrión fecundado en el útero de la mujer. Los científicos pueden replicar el proceso natural dentro de una probeta. Yo creo que no podemos hablar de vida humana allí”. Por ello la píldora abortiva y los bebés medicamento son opciones perfectamente lícitas para todos.


Con este magnífico currículum eugenésico, eutanásico y abortista, Núria Terribas forma parte también del Comité de Bioética de Cataluña http://comitebioetica.cat/el-comite-2/composicion/: 40 miembros designados a dedo por la Generalitat, donde todos -también ella, claro - son favorables al aborto, la eutanasia, la selección embrionaria… todos dóciles y sumisos a la cultura de la muerte.


Así se despachaba doña Nuria en una entrevista en el diario ARA: “La bioética es diálogo. Puedes estar en contra del aborto pero aceptarlo en determinados casos. Y lo mismo con el final de la vida. Ayuda mucho analizar casos concretos”. La “experta” sigue pisando fuerte: “Eutanasia sí o no, aborto sí o no. Estos debates no llevan a ningún sitio”. Y, la traca final: “El embrión es una vida humana, pero no es lo mismo un embrión de cuatro células congelado en el laboratorio que uno implantado en el útero que se está desarrollando para dar a luz una criatura”. http://www.ara.cat/estiu2012/Nuria-Terribas-problemes-medicina-ideologics_0_742125962.html  Y como no es lo mismo, “hemos de saber distinguir las categorías y ver cómo valoramos aquella vida humana que puede haber en unas células que son humanas, evidentemente.  No diremos que no… Versus el otro plato de la balanza: el conocimiento científico para la curación de enfermedades, el bienestar de la humanidad… ¿Qué pesa más? Y ser capaces de decir: el bienestar común que se puede obtener con estas investigaciones lo hemos de hacer pasar por delante del valor que puedan tener –no digo que no lo tengan- unas células que están en un laboratoriohttp://vimeo.com/7263393 , en la criogénica prisión de la Orden Hospitalaria: el Hospital de San Juan de Dios, diócesis de San Feliu. En fin, la bioética del Dr. Mengele, el SS que se solazaba experimentando hasta la muerte con los judíos de Auschwitz… con el objetivo de ¡hacer progresar a la humanidad! Así lo sentía él… Luego, la Nuri siguió con aquello de que el Instituto Borja es “cristiano pero no católico”, lo cual -dice- les da una extraordinaria libertad para mofarse de la doctrina y “entrar en conflicto con  la cúpula eclesial”. Una guerra fría seguramente, pues los obispos no han dicho esta boca es mía desde hace muchísimo tiempo.


Al ladito mismo del Instituto Borja, el Hospital de San Juan de Dios acoge una meganevera de embriones congelados (¿de caracoles?), listos para su uso o desuso. http://www.hsjdbcn.org/portal/ca/web/cmr?pAction=_show-mode&idPortlet=36011030#p36011030 Por eso, el P. Piles, amiguísimo de doña Nuria, y antiguo provincial hospitalario sentenció, parafraseando al P. Abel, que “hasta la octava semana del embarazo no podemos hablar con propiedad de una nueva persona” (http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=20073 ). Así pues, pueden dormir tranquilos los hermanitos de San Juan de Dios con su frigorífico… que como esos embriones no son de personas, tampoco importa nada lo que a cualquier chalado ávido de notoriedad “científica”, se le ocurra hacer con ellos.


La influencia del Instituto Borja y de su directora es tal, que el mismo Superior General de la Orden Hospitalaria, Jesús Etayo, se graduó con un máster en el Instituto y a la vista está que debe sentirse orgulloso, pues lo mete continuamente en su currículum con toda desfachatez y calla como un muerto http://www.revistaecclesia.com/el-religioso-espanol-jesus-etayo-elegido-nuevo-superior-general-de-la-orden-hospitalaria-de-san-juan-de-dios/


Con su dependencia de la Universidad Ramon Llull, de la que también es patrono el Cardenal-Arzobispo de Barcelona, la persistente tarea abortista, eutanásica y eugenésica de Núria Terribas alcanza una dimensión cualitativa y cuantitativamente escandalosa. El Instituto Borja sigue editando libros y revistas, y ella filosofando y aconsejando contra la doctrina y la moral católicas desde su sede en el abortista Hospital de San Juan de Dios de Esplugues. En el ya lejano año 2009, los obispos de Cataluña hablaron por segunda y última vez. Desde entonces guardan silencio. El Instituto Borja pontifica sin cesar. El violón que toca sin cesar desde Roma Mons. Carrasco, presidente del la Academia Pontificia para la Vida, le ha llevado a nombrar miembro de la Academia fundada por Juan Pablo II a la actual presidenta del abortista y eutanásico Instituto Borja de Bioética, Margarita Bofarull. Que Dios se apiade del P. Abel y ¡que cierren la Academia Pontificia! CUSTODIO BALLESTER, PBRO.

Margarita Bofarrull: la empalagosa máscara del Instituto Borja


“Su boca es más blanda que la manteca, pero desean la guerra; sus palabras son más suaves que el aceite, pero son puñales”. (Salmo 54)

A finales del pasado año, el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, Mons. Ignacio Carrasco de Paula, nombró miembro de la misma a Margarita Bofarull, presidenta del abortista, eutanásico y eugenésico Instituto Borja de Bioética. Fundado por el jesuita Francesc Abel i Fabre, firme partidario del aborto pre-implatacional, el Instituto se ha convertido con el paso de los años en el máximo referente de la bioética vendida a un poder dominante al que aplaude con las dos orejas.

La hermanita Bofarull nació en Barcelona el 2 de Febrero de 1961, religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, fue provincial de la provincia de España Norte de su orden. Se licenció en Medicina y Cirugía en 1985. Ya antes de acabar la carrera colaboraba con el Instituto Borja. Vocal de su patronato muchísimos años, bebió desde el principio en las bioéticas y contaminadas fuentes del P. Abel, fundador del primer Centro de Planificación Familiar en Barcelona (condones, píldoras, diafragmas y DIU’s). Margarita Bofarull también preside el Comité de Ética Asistencial del Hospital San Juan de Dios, donde puede aplicar todas sus teorías. Licenciada en la heterodoxa teología moral de Facultad de Teología de Cataluña fue vicepresidenta durante cuatro años de CONFER (Conferencia Española de Religiosos), ese decrépito organismo que retroalimenta el decadente progresismo de los últimos mohicanos de una reserva marchita.  Es también profesora de la Facultad de Teología de Cataluña y de la Universidad Centroamericana de El Salvador, esa en la que recalan por unos meses –no más- algunos hispánicos profesores con algún que otro remordimiento burgués –por privilegiados- en su gruesa conciencia.

El hecho de no tener ningún doctorado, condición quasi indispensable para enseñar en una Facultad teológica, no ha sido óbice para que la hermana Bofarull realice una carrera docente poco acorde con su titulación, y sí con sus contactos. Pero su timbre de gloria, el que le ha llevado a cubrir sus progresistas y bioéticas desnudeces, ha sido el de ser nombrada miembro de la Pontificia Academia para la Vida, convertida ahora por ese y otros nombramientos, en un nuevo campo de batalla entre los defensores de la Vida y los esbirros de la cultura de la muerte oliendo a incienso, que ya no están fuera, sino dentro.

Hasta tal punto ha llegado la tensión, que cada vez son más las voces que, en la Santa Sede, piden el inmediato cierre de una Academia desprestigiada por las pifias de su adormilado presidente. http://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2014/01/la-academia-pontificia-para-la-vida.html

Margarita Bofarull –tonta no es- siempre ha cuidado muy mucho sus declaraciones públicas y se ha guardado de firmar nada que pudiese comprometerla. Ya tiene a Núria Terribas, directora del Instituto Borja, para la tarea de demolición de la moral católica, que no deja de ser siempre un trabajo sucio. Ella es la que da la cara y firma lo que haga falta, que para eso le pagan y muy bien, por cierto. En cambio, la hermana Margarita es la cara amable, sonriente, beatorra, casi meliflua, de un instituto bioético que no deja de pontificar a favor del aborto, la eutanasia y la eugenesia terapéutica, siempre “en determinados casos”, no en todos, no vayan a pensar… Pero por la boca muere el pez. Son muchos años chupando rueda en los jesuíticos y eugenésicos brazos del padre Abel.  Ciertamente la Bofarull no dice que el aborto sea un derecho, pero sí que afirma que “el tema del aborto está muy ideologizado. Es difícil hacer una reflexión serena cuando se convierte en una moneda de cambio partidista”. http://www.tv3.cat/videos/4871891 Por lo visto ella es la única que está en condiciones de hacerla… Y sigue: “La Iglesia no puede hacer otra cosa que defender la vida. Eso está claro.” Pero la melindrosa máscara que luce acaba cayendo en el más puro estilo del Instituto Borja: “Pero también está claro que existen situaciones conflictivas que se han de analizar.  Y se explica: “Estamos hechos para la vida. Los actos de muerte nos pasan factura. Hemos de promover la vida. Tampoco creo que se trate de decir a lo mejor “no al aborto”, sino qué hacemos para ayudar a las personas a sacar las vidas, también las nacidas, adelante. Hay que ser muy coherente…” Coherente ¿con qué? ¿Con el derecho a la vida, que es absoluto? ¿Absoluto para el que nació y relativo para el no nacido? ¿Coherentes con el aborto cero o con el aborto “en algunos casos”?, pues “existen situaciones conflictivas que se han de analizar”. El humo ciega mis ojos amiga Bofarull…

Sin embargo, la brisa de lo políticamente correcto acaba por arrastrarla cuando dice que “el aborto no es un derecho de la mujer, otra cosa es que se deba regular legalmente ese hecho, pero no como un derecho, esa es otra cuestión”. Es decir, como la gente abortará de todas maneras, es mejor -como poco- despenalizar el aborto siempre “en determinados casos”, claro, que lo cubra la Seguridad Social y que se realice en abortorios debidamente autorizados y subvencionados. Porque la regulación acaba siempre ahí, por mínima que sea. Y es que estando los socialistas en plena ofensiva abortista tras la euforia de su llegada al gobierno, el Instituto Borja les echó una mano publicando el panfleto abortista Consideraciones sobre el embrión humano  En el monográfico sobre el embrión de su revista Bioètica & Debat, el Instituto Borja ve “difícil” considerar individuo al embrión antes de su implantación. El texto indica que “antes de la implantación, en ningún caso se puede hablar de aborto porque aún no se ha iniciado la gestación”. http://www.ibbioetica.org/es/img/home/BD_57_esp_F De ninguna manera los oráculos del aborto ético del Borja ponen en cuestión la Ley despenalizadora de 1985. Su reflexión parte de la intención del gobierno de hacer todavía más “libre” el aborto de lo que ya es. ¡Toda una declaración de intenciones! Al final, para convertir -sin restricción de conciencia- al embrión humano en material deshecho y experimentación para los bebés medicamento del Hospital de San Juan de Dios.

Es la declaración del Instituto Borja Hacia una posible despenalización de la eutanasia http://www.ibbioetica.org/cat/contenidos/PDF/Document_eutanasia_CAT.pdf  el pútrido fundamento de las merengosas declaraciones que la Bofarull hizo en el programa Signes del Temps de TV 3: “Secularmente se había legislado sobre el hecho de que la vida era siempre un bien (cf. Evangelium vitae, 34). Pero hay momentos en que nosotros, la sociedad, decimos: No es suficiente vivir. Queremos vivir con una cierta calidad de vida”.  Y en ese sentido, afirman los oráculos de la muerte del Instituto Borja que las condiciones para despenalizar la eutanasia serían estas: Una enfermedad que conduzca próximamente a la muerte, un sufrimiento insoportable, el consentimiento explícito del enfermo, aunque éste podrá obviarse en caso de concurrir determinadas circunstancias, la intervención médica en la práctica de la eutanasia -sería muy feo que la hiciese un carnicero-, la revisión ética, para tranquilizar la conciencia y notificación legal, para cubrirse las espaldas. Toda práctica eutanásica deberá contar con la aprobación de un Comité de Ética Asistencial que, en el caso del Hospital de San Juan de Dios de Esplugues, preside ¡la mismísima Margarita Bofarull! Ella y sus amiguetes decidirán cuan próximamente está la muerte, lo insoportable del sufrimiento y las circunstancias en las cuales pasarán por encima de la voluntad del enfermo, si es necesario, para darle el matarile.

Ciertamente, a muy pocos parece importarles lo que se cuece en el Instituto Borja. A Mons. Carrasco de Paula, el que menos. Cuando alguien de la Academia Pontificia para la vida le pregunta extrañado –todavía quedan académicos honrados-  por el nombramiento de Margarita Bofarull, responde escandalizado y canta las bioéticas bondades de la beatífica profesora. Sólo el fanatismo de algunos grupos próvida, de esos “que hacen más mal que bien”, busca empañar la fama de la santurrona. Sin embargo, las  empalagosas palabras de la presidenta del Instituto Borja no pueden enterrar años inmoral y eugenésica doctrina, no pueden ocultar los sedimentos de una doctrina torcida y sórdida que confunde y mata, que engaña, miente y escamotea la verdad bajo barniz de misericordia cristiana:   “¡Camada de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12,34).

Cómplices del Mal


“La colaboración debe ser sincera. Debe excluir toda voluntad de agresión. Debe comportar un esfuerzo paciente y confiado”. (Maréchal Philippe Pétain, 1940)

Siempre es lo mismo: o hay convicciones profundas, o no las hay. Por eso, desde el momento en que se aprende a relativizarlo prácticamente todo, nos sometemos a la ley del plano inclinado, poniéndonos así en camino de aceptarlo absolutamente todo, hasta lo más contrario a nuestras convicciones y valores. Si nosotros no somos quién para juzgar por ejemplo a un nazi, que actúa según sus propias convicciones con la misma legitimidad que yo actúo según las mías; desde el momento en que considero que mi sistema de valores no es tan bueno que merezca dar la batalla por imponerse a los que se le oponen; desde ese mismo momento estoy aceptando la liquidación de mis valores a manos de sus rivales. Y como no soy quién para juzgarles, empiezo por mirar para otro lado cuando les veo en actuaciones dudosas, hasta inhibirme totalmente cuando sus acciones atentan frontalmente contra mis convicciones.

Cabe por tanto preguntarse si ese relativismo tan buenista que lo considera todo igual de bueno, es realmente inocente en su sentido estricto, es decir que no hace daño a nadie. Porque si les dejamos ganar terreno a los nuevos valores que se han puesto de moda (primero reclamando la igualdad, para luego imponer su superioridad), ponemos los nuestros en franca retirada hasta su total extinción. Y no podemos decir que no perjudique a nadie una semejante sustitución de valores fundamentales que afectan nada menos que a los mismos cimientos de la vida. Mal pueden administrarse por tanto esos valores desde una moral ingenua. Tras ese buenismo se esconde la claudicación, a la que le caben bastantes nombres, entre ellos el de colaboración necesaria para el mal. La indispensable colaboración del silencio y del no hacer nada.

Los colaboracionistas, el más alto escalón de los tolerantes y los conniventes, relativistas morales donde los haya, ceden una y otra vez en cuestiones esenciales, si no de iure, de facto. Y a cambio de todas estas clamorosas abdicaciones consiguen esas migajas de posicionamiento social, prestigio mundano y reconocimiento estructural que anhelan desesperadamente.

Presos de su error de apreciación acerca de la inexorabilidad de la estructura política, los colaboracionistas siempre acaban encontrándose en un callejón sin salida: tanto tiempo llevan a merced de la opinión dominante y del poder, que se tornan incapaces de cualquier resistencia u oposición quedando así atrapados en un “engranaje de la concesión”, sin más salida que una permanente huida hacia adelante. 

Pero lo peor del caso es que la colaboración no es del todo pasiva ni controlable. No se trata sólo de contemporizar. Deja honda huella. Porque el espacio social en que se mueve el individuo lo conforman actitudes uniformes, códigos y reglas implantados por el poder: si es el aborto, primero exigirán su despenalización so pretexto de protección de la mujer; luego reivindicarán su derecho a la interrupción voluntaria dentro de determinados plazos (derecho casi siempre administrado por otros); y para saltárselos, implantarán el “aborto médico” o “terapéutico”. Si se trata de la eutanasia, primero abogarán por el derecho a la muerte digna, luego postularán el “suicidio asistido” (para que no sea otro el que toma la decisión de matar) y al final reclamarán la eutanasia sin más (administrada las más de las veces por el médico). Y si se trata de no discriminar ni condenar a los homosexuales, primero se pedirá para ellos un estatus de especie protegida; luego, para afianzar esa discriminación positiva con cuotas incluidas, “se venderá” la homosexualidad como un bien social a proteger: el de la diversidad de tendencias sexuales. Se reivindicará por tanto la necesidad de promover esta forma de sexualidad en la escuela y en los medios. Y finalmente se reclamará la categoría social y el rito del matrimonio para las uniones homosexuales. Es que una vez colocados en el plano inclinado, no hay más que dejarse llevar. Y ahí nos encontramos todos (la Iglesia incluida) por ver quién es más pro buen rollo con los gays, por ver quién apoya más decididamente a ese colectivo y, por supuesto, a los principios doctrinales en que se sustenta. Hasta el punto de cuestionarse si el problema de la pederastia en la Iglesia y la criminal tolerancia con que se abordó, no fue consecuencia directa del creciente prestigio y posicionamiento de los homosexuales y de la homosexualidad en la institución eclesiástica.

No hay, por tanto, posibilidad de inocencia en la posición colaboracionista, no cabe alegar ignorancia. Al rendirse ante ese poder, el colaboracionista reconoce el predominio de la coacción en él, y al aplicársela a los demás se transforma en cómplice. Quizá más que el militante. De manera que el colaboracionista interioriza esta colaboración y, por fatalismo o por admiración, por miedo o por cobardía, la transforma en el objeto de su servilismo

En cada colaboracionista existe una decisión profunda y original que constituye el fondo de su personalidad: la de plegarse al hecho consumado, fuere éste el que fuere: sea corrupción política, aborto, eutanasia, experimentación genética, clonación embrionaria, matrimonio gay… o el nazismo en el ejemplo propuesto. Lo que sea, con tal de no quedar fuera de juego, manteniendo para ello la institución, y sobre todo su estructura jerárquica, dentro de las coordenadas del poder vigente, sea político, sea mediático. Lo que sea por no resultar impopular. Silencios y vaguedades mientras no sea posible alinearse directamente en los nuevos valores y costumbres. Es que arriesgar la institución acarrearía la pérdida de un estatus que se debe preservar y al que de ninguna manera se quiere renunciar.

Siguiendo con el ejemplo del nazismo (historia, magistra vitae), ahí tenemos los procesos de depuración contra los colaboracionistas tras la segunda guerra mundial, que ejemplifican este razonamiento. En 1945, tanto el Mariscal Pétain como Pierre Laval, jefe del gobierno, fueron llevados ante el Tribunal Supremo de Justicia acusados de “complot contra la seguridad del Estado e inteligencia con el enemigo”. En ambos procesos se abordaron las mismas cuestiones y se emplearon idénticas estrategias y argumentaciones.

Con todo, el proceso de Laval es el que resulta más ilustrativo, ya que mientras que Pétain optó por guardar un silencio desdeñoso, Laval, abogado y diputado de larga trayectoria, se defendió con la mayor vehemencia: “No hay un solo ámbito en el que no pueda demostrar, establecer y probar que la ocupación alemana habría sido mucho más cruel si yo no hubiera estado allí”. Y también porque, en su tácito reparto de funciones mientras compartieron el poder, Laval había asumido ser el ejecutor del trabajo sucio.

Ante la victoria del enemigo, había que entenderse con el vencedor para tratar de mitigar las consecuencias de la derrota y aliviar el sufrimiento de los franceses. Y concluida la guerra, había que garantizar la pervivencia e integridad de Francia y su Imperio, y asegurar su papel en el nuevo orden europeo. En 1943 Laval decía: “Cada día intento hacer el máximo para que padezcamos el mínimo de perjuicios… Sólo tengo una ambición, un objetivo, uno solo, hacia el que me dirijo como un sonámbulo: intentar todo lo posible por salvar a nuestro país reduciendo cada día sus sufrimientos: hacer que la tierra que pertenece a los padres pase a sus hijos y siga llamándose la tierra de Francia”. 

El estilo colaboracionista consiste pues en ceder a las demandas del poderoso para obtener compensaciones o contrapartidas si no a corto, sí a medio o a largísimo plazo, ya que lo esencial es evitar las fricciones con el poder político para crear un ambiente distendido y ganarse su confianza. En palabras de Laval: “Ahora dicen que habría sido mejor morir que negociar. Siempre he pensado que era mejor que existiera un gobierno francés, para servir de barrera entre el pueblo y el ocupante. Los nazis eran capaces de los peores crímenes; pero también podían ser generosos si sabías cómo tratar con ellos”.

Por eso se le abren a uno las carnes cuando ve que los principios de la Iglesia y la propia Iglesia se defienden por criterios y praxis como los de Laval. Estamos viéndolo en temas tan esenciales como el aborto, la experimentación con embriones humanos, la eutanasia y la homosexualidad como forma de vida igual de legítima que la heterosexualidad. La Iglesia, desde todos los niveles, acaba haciendo encaje de bolillos para no chocar frontalmente con esas filosofías de la vida y esas praxis modernas defendidas por el poder político; filosofías y praxis situadas en las antípodas de la doctrina que ha mantenido incólume la Iglesia durante tantos siglos. Y es que en los hospitales católicos con sus abortos, píldoras, esterilizaciones y sus frigoríficos de última generación repletos de embriones, parecen cumplirse las proféticas palabras de Jesucristo: “Cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe estar, entonces los que estén en Judea, huyan a los montes: el que esté en el terrado no baje, ni entre a recoger algo de su casa y el que esté en el campo no regrese en busca de su manto. Porque en aquellos días habrá una tribulación cual no la hubo desde el principio de la Creación hasta el presente, ni volverá a haber.” (Mt 13,14).

Esa política de defensa tácita del mal menor (¡pero connivencia  con el mal!) nos ha situado en una posición envilecedora cuyo alcance y carácter no puede ser ignorado por sus autores. Nos causa un perjuicio moral y material tan grande que la Iglesia deberá soportar durante mucho, mucho tiempo, a pesar de su clarísimo testimonio y de su activa contribución a la defensa de la Vida y de la Familia. CUSTODIO BALLESTER, PBRO.

CARDENAL RICARDO

Mª CARLES (1926-2013)

“La pregunta sobre el hombre nos lleva a Dios. Y la pregunta por Dios nos lleva al hombre que tiene fe.”

(Cardenal Carles)

Ricardo María Carles Gordó nació en Valencia el 24 de septiembre de 1926. Hijo de Fermín Carles y Josefina Gordó,  ambas familias eran importadoras marítimas y eso les permitió conocerse. Él mismo explica que su madre se enamoró de su futuro marido aún antes de conocerle personalmente: “Todos en el puerto hablaban muy bien de Fermín Carles… Hombre bueno de buen carácter; le acompañaba todo”. El primer recuerdo del pequeño Ricardo va ligado a la conciencia de que Dios existía: “Yo no sabía muy bien entonces quién era Dios. Pero yo hablaba con Dios; mi madre me hablaba de Dios y eso me hizo mucho bien. Me  sugería sencillas oraciones, que ella se inventaba y que yo repetía. También mi padre con su voz varonil. Con él, paseando todas las noches por la sala, rezábamos el rosario”. Cursó estudios primarios en la escuela de las Teresianas y los secundarios a la de San José de los Padres Jesuitas, ambas de su ciudad natal.

Su experiencia inicial de la llamada de Dios va unida al sonido de sus pisadas sobre las hojas secas de pinaza en un retiro en el Desierto de las Palmas de Castellón con 16 años: “La imagen amable del Jesucristo de mi infancia –contaba- se había convertido en una imagen firme, atractiva, pero que me planteaba problemas. Porque mi simpatía hacia Él me conducía a comprender que debía compartir mi vida con la suya”. En una ocasión, en el Seminario nos decía: “Cuando yo pensaba y luchaba por mi vocación, me gustó mucho una versión del Evangelio que traducía Jesús llamó a los que quiso (Mc 3,13) por llamó a los que llevaba en su corazón. Vosotros, seminaristas, ¡estáis en el corazón de Dios desde toda la eternidad!”.

D. Ricardo acabó decidiéndose de una forma un tanto peculiar. Un día de vacaciones de Pascua, en la calle de la Paz, estaba con unos amigos hablando sobre el futuro profesional o vocacional. Su vida en aquel momento iba por otro camino… Su vocación eran las ciencias. En la conversación uno de ellos le dijo: “¿A qué no eres capaz de ir a ver a D. Eladio, el párroco de San Juan de Ribera?”. Ricardo respondió: “¿A que voy y no pasa nada?” Fue aquella misma tarde y pasó todo. Del confesionario de D. Eladio salieron más de un centenar de sacerdotes.  “Le debo a D. Eladio mi vocación; sin él, no me hubiera decidido. El me vio venir, se dio cuenta de que estaba alargando la decisión y me ayudó muchísimo”.

Ingresa en el Seminario Mayor de Valencia y al mismo tiempo en el Colegio del Corpus Christi, también llamado "del Patriarca". El 29 de junio de 1951 es ordenado sacerdote y dos años después se licencia en derecho canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca. El mismo año 1953 es nombrado rector y arcipreste de Tavernes de la Valldigna (Valencia), y en 1967 es trasladado a la parroquia de San Fernando de la ciudad de Valencia. Actúa como consejero de la JOC y responsable de la formación de los diáconos, y posteriormente es nombrado delegado episcopal para el clero y consejero diocesano de Pastoral Familiar. Años más tarde afirmaría: “Cuando un obispo ha sido párroco, los curas le hablan de lo que él ha vivido, no de una teoría. A los que no han sudado parroquia, como acostumbro a decir, puede no resultarles fácil entender a un sacerdote, joven o mayor, que viene con una pena o alegría de la parroquia. Si ha sido carne de tu carne, si tú lo has vivido, lo entiendes de otra manera”. Y así era, ciertamente.  Cuando los sacerdotes no acercábamos a él y le explicábamos las alegrías y, a veces, las muchas penas de la vida parroquial, sentías inmediatamente que a D. Ricardo no le preocupaba tanto el contexto como tu persona. Al acabar de darle cuenta de alguna grande o leve dificultad, él te miraba a los ojos y te preguntaba: “Pero y tú… ¿cómo estás?” Sabías que en él encontrabas siempre, por muchas veces que hubieses metido la pata, un hermano y un padre.

El día  de San Fernando de 1969, Mons. González Moralejo, obispo auxiliar de Valencia, le comunica en su despacho –a puerta cerrada- que el Papa Pablo VI lo ha nombrado obispo de Tortosa. “Fue la única vez en mi vida que me han hecho sentar, porque creían que me desmayaba”. Y continua: “Lo normal, ahora, es que si te llaman un viernes a las doce, con ese secretismo, pues ya sepas de qué va la historia. Pero en aquella época, me permito pensar que se tomaba más en serio que ahora el secreto pontificio, y yo estaba del todo ignorante de que mi nombre hubiera estando corriendo por los informes que se piden. Y, cuando me llamó el obispo con urgencia, pensé que algún diácono, en el convictorio que dirigía, había tenido algún fallo. Cuando me lo comunicó, me quedé pálido y el obispo me dijo alarmado: ¡Siéntate!”


        Obispo de Tortosa

El 3 de agosto de 1969 es consagrado obispo de Tortosa (Tarragona). En la Conferencia Episcopal Española presidió la Subcomisión para la Familia y la Comisión para los Seminarios y las Universidades. Convocó el único sínodo diocesano celebrado en el post-concilio en las diócesis catalanas, con el objetivo de potenciar la participación de laicos y también de sacerdotes y religiosos de todo el obispado en el testimonio cristiano y la evangelización. El resultado fueron las Constituciones Sinodales, unas conclusiones para revitalizar la vida cristiana con valor normativo.

D. Ricardo, siempre accesible y cercano, nunca se llamó a engaño, ni se dejó seducir por engañosos cantos de sirenas. Ciertamente, después del Concilio hizo fortuna aquello de la Iglesia como Pueblo de Dios. Sin embargo, nunca se cansó de recordar que a la vez y sobre todo es Cuerpo de Cristo, Esposa de Cristo y Él su cabeza. “La Iglesia no es un grupo más –decía-, es peculiarmente distinto, no por voluntad nuestra, sino porque así lo hizo Dios. Y si actuamos sin cabeza, sin nuestra cabeza que es Cristo, se desdibuja la figura de Cristo y de su Iglesia”. Tenía muy claro que el anuncio evangélico debía ser explícito: “Estamos en un momento histórico en el que debemos hablar sin miedo. Y además hacerlo en el espacio público”, pues como diría Juan Pablo II la fe que no se hace cultura, ni es enteramente vivida ni enteramente aceptada.

Así pues, la voz de D. Ricardo se alzó firme y profética, sin miedo a nada ni a nadie: “Para mí lo de menos es que me juzguéis vosotros o un tribunal humano. Mi juez es el Señor” (1Co 4,3).  Cuando el Teatro del Liceo de Barcelona ardió accidentalmente y las administraciones públicas y empresas privadas se afanaban en invertir ingentes cantidades de dinero en su reconstrucción, el cardenal Carles declaró: “Me parece bien que se actúe con rapidez para reconstruir el Liceo, pero en Barcelona se queman cada día muchas cosas y muy vitales: la inocencia de los niños, el futuro de los jóvenes, la dignidad de los ancianos y de los pobres… y la mayoría permanece indiferente”.

“Después del Concilio Vaticano II –afirmaba- pareció triunfar la tesis del encarnacionismo, es decir, la tesis de que es suficiente estar en un lugar porque la presencia es lo que salva. No, Cristo no vino a encarnarse en ese sentido, a arraigarse, sino a desarraigar todo lo que es malo y a transformarlo. Hay seglares, personas muy cristianas, que creen que lo que tienen que hacer en un barrio es estar presentes allí. No, Cristo además de estar presente fue encarnación, arraigo y desarraigo y transformación de todo lo que no es bueno”.


        Arzobispo de Barcelona y Cardenal

El 23 de marzo de 1990 es nombrado arzobispo de Barcelona. Crea las demarcaciones diocesanas para descentralizar el arzobispado, situando como responsables de cada territorio a los nuevos obispos auxiliares que se nombran en Barcelona entre 1991 y 1993. “En Tortosa –confesaba- podía visitar más enfermos, ir al entierro de un padre o una madre de un sacerdote, realizar directamente multitud de acciones pastorales. En cambio, en Barcelona también tenía mucho trabajo, a pesar de los colaboradores que me ayudaban. Pero me dolía, por ejemplo,  que a veces no podía llegar a los entierros de mis sacerdotes y, en ocasiones, tenía que enviar a un obispo auxiliar”. Su prioridad, desde su llegada  al nuevo obispado, fue evangelizar a los más de cuatro millones de hijos de Dios de la archidiócesis y la promoción y ayuda de pobres y marginados, también numerosos en una gran urbe. Uno de sus recuerdos más gratos en Barcelona es que pudo ordenar  a ciento quince sacerdotes diocesanos.

En la entrevista previa a mi ordenación diaconal el cardenal Ricard Mª me preguntó: “¿Tienes pensado vestir clergyman?”.  Ante mi respuesta afirmativa me espetó: “Eso es lo que yo quiero: Que cuando vean  a un sacerdote vestido de cura, la gente diga: ¡”Ahí va un sacerdote de Barcelona!”

Le dolía profundamente que tantas iglesias de la diócesis permaneciesen casi todo el día cerradas. Pensaba que era un signo de que fallamos los confesores y falla el sentido teológico del pecado. “Un pecado –observaba- que no es sólo fuente de injusticia social, de enfermedad, sufrimiento. Es ofensa a un Dios bueno y santo”. El pecado es “no hacer lo que Dios había pensado. Cuando me tiro desde un séptimo piso y desafío las leyes de la naturaleza, me mato. Cuando voy contra la ley moral, contra los mandamientos del buen Dios, el efecto no es tan inmediato, como cuando rompes una ley física, pero a la larga se va a notar en mí, en la familia y en la sociedad. Como es algo que está fuera de lo que Dios había pensado, tiene consecuencias y muy graves”.

Valiente defensor de la Vida y de la dignidad de la familia, el cardenal Carles pagó un precio muy caro por su fidelidad: Perseguido insistentemente por el lobby gay, su nivel de prestigio era tan grande, su deseo de una verdadera reforma en la Iglesia de Barcelona tan obstinado, que sus enemigos no dudaron en calumniarle gravemente. Pero él no se dejó intimidar porque “este ha sido mi Evangelio por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación, lograda por Jesús, con la gloria eterna” (2Tm 2,8).

  Y sobre la ampliación de la legislación abortista escribía: “Con unas leyes así, a pesar del terciopelo, las moquetas y el ambiente noble del Congreso de los Diputados, aquel salón no es ajeno a los cubos de desechos humanos de ciertos quirófanos, donde van a parar los restos de los no nacidos. ¿Qué nivel o, mejor dicho, qué silueta moral puede tener una nación en la que los padres que matan se pueden contar por miles un año detrás de otro? ¿Alguien puede creer seriamente que, en este contexto, se podrá continuar respetando algún valor que pese menos que la vida de un hijo? No dudéis que se continuará gritando a favor de la muerte. Tantas veces como sea necesario, deberemos gritar muchos a favor de la Vida”.

El 26 de noviembre de 1994 fue creado cardenal del título de Santa María Consolatrice del Tiburtino. Participó en diversos organismos vaticanos como la Congregación para la Educación Católica, la Comisión de Justicia y Paz, el Consejo para el Estudio de los problemas organizativos de la Santa Sede y la Jefatura de Asuntos Económicos. También fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española entre 1999 y 2002. En su condición de cardenal, asistió al cónclave de 2005 que eligió el Papa Benedicto XVI.

Hombre de profunda y constante oración gustaba de la montaña –excelente escalador y hasta espeleólogo-, pues la altura propiciaba el encuentro con Dios, “de tú a tú”, decía con sencillez. Cuando acompañaba cada verano a los seminaristas de los últimos cursos, tras una pequeña charla, comenzábamos a subir monte…  Rezábamos Laudes y nos daba un punto de reflexión, para bajar  desde la cima meditando. “Orar –aseguraba D. Ricardo- es tener conciencia de la presencia de Dios, de que tú amas a Dios. Si no guardamos un tiempo específico para la plegaria, corremos el riesgo de caer en el activismo y pasar del todo es oración a no ver a Dios en ningún sitio”. Necesitamos  por tanto, nos decía a los curas jóvenes, “hacer silencio interior y cuidar los tiempos y espacios para la oración”.

Recuerdo que nos repetía con cierta frecuencia: “A veces somos injustos con Dios. Tenemos un concepto de Él que no le hace justicia, porque le atribuimos lo que no nos es grato y no todo lo bueno que nos da. Dios está con nosotros, actuando para nuestro bien”. Y comparaba nuestra actitud, entre desconfiada y recelosa, con la de aquellos discípulos de Emaús, que no se habían percatado de que Jesús iba con ellos. “¡Y Él está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo!”


        Jubilación y últimos días

En el año 2001 y de acuerdo con lo previsto en el derecho canónico, presentó la dimisión de su cargo arzobispal, que no le fue aceptada hasta el 15 de junio de 2004. El mismo día, el papa Juan Pablo II dividió la arzobispado de Barcelona en tres diócesis: una metropolitana -Barcelona- y otras sufragáneas: Tarrasa y San Feliu de Llobregat.

Pasó su ancianidad escribiendo, dando retiros, predicando y atendiendo a todos con el mismo afecto de siempre.  En noviembre de 2013 el cardenal Carles fue ingresado en el Hospital Virgen de la Cinta de Tortosa con sintomatología neurológica, falleciendo semanas más tarde, el 17 de diciembre.

Al día siguiente, contemplando su cuerpo exánime revestido con las sagradas vestiduras episcopales en la capilla ardiente de la Santa Iglesia Catedral de Barcelona, agradecí al Señor el inmerecido don del sacerdocio que me fue conferido a través de D. Ricardo. Evoqué su tranquila sonrisa, la confianza que siempre me dispensó, su paternal cercanía… Allí, junto a la gente que él más quería, rememoré sus palabras llenas de serena esperanza: “Cuando mueres, si te fías, es el acto de fe más grande; si uno es consciente. Es el acto más grande de esperanza, sabes que Dios va darte otra vida distinta. Te estás muriendo y estás perdiendo algo de lo que has amado, y realizas el acto de amor más grande por amor al Señor. Aquí esperas cosas con la esperanza de que te lleguen, pero ¿en qué te apoyas en el momento de la muerte? En la Palabra de Dios porque le amas, sabes que te ama y confías en Él. Para mí la muerte es eso, es decir, la medida de la fe da la medida del miedo a la muerte. El porqué de la vida es porque Dios nos la ha dado y el para qué es para estar con Él”.

Sus restos ahora reposan en Valencia, su tierra natal, en la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, a los pies de su patrona. Allí se casaron sus padres, allí contempló tantas veces el traslado de la Virgen desde la Basílica hasta la Catedral “yendo como sobre un mar de cabezas –decía- que parece que se va a caer, pasando de unos a otros en un encuentro vibrante al que se acercan los niños para presentarlos a la Mare de Déu”.  Junto al cardenal Benlloch, valenciano como él, espera la resurrección de la carne. Que ese día nos acoja entre sus brazos Santa María, la Virgen Geperudeta que D. Ricardo tanto amó. Custodio Ballester Bielsa, pbro.